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Historias de lluvia

1

Octubre es un suburbio de luces apagadas

o fundidas, que para lo que espero esta noche,

da lo mismo;

un suburbio lleno de silencios, frío y nostalgias.

Aquí  las casas no tienen dirección,

sino esquelas,

esquelas de todos aquellos que allí vivieron.

Para llegar sólo hay que preguntarle a la persona correcta,

en el bar donde no pasa el tiempo, cualquier ebrio te puede indicar.

Todos en algún momento hemos estado ahí,

aunque no nos demos cuenta.

Octubre es un lugar a veces se transforma en tiempo,

otras veces son las manos de alguien que recordamos,

una caricia o un llanto, un beso,

octubre siempre es un recuerdo.

En este lugar la noche es algo casi interminable,

cuando en otras regiones,

y en otras vidas,  ya casi es mediodía,

aquí la oscuridad nos sigue abrazando.

El viento y la arena suelta del camino te hacen cerrar los ojos,

mis pasos se vuelven más lentos e inciertos.

Pregunto por una dirección,

“El lugar que buscas queda en la pesadilla de una mujer

que huyó hace muchos años…” me responden.

“esa mujer se fue con muchos sueños y promesas

que rompió con su ausencia”.

Regreso a la ciudad llevando la desesperanza entre las manos

y muchas pesadillas propias

y ajenas.

En las vidrieras, los maniquíes esperan con la vista perdida,

a quien les pueda romper el hechizo de la inmovilidad,

pasan tardes mirando la bocacalle

por donde huyó una mujer

que iba con palabras que robó

a incautos que creyeron en sus palabras y sus ojos.

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2

Amargura suburbana,

apenas es noviembre.

Ahora el dolor es otro

y la ciudad se vuelve gris

a fuerza de nubes y desazones

“No tengo ganas de vivir, corazón”,

el día cita a Vallejo.

Creo que el frío no es real,

es sólo la sensación que deja el olvido.

El único hombre valioso que ha nacido en este país

fue atropellado anoche por un taxista ebrio,

y ya no pudo demostrarnos su grandeza.

A la Ciudad de México la desconozco en cada callejón

donde se oye un grito lastimero

y muere un hombre abandonado.

Apenas es noviembre

y  me desconozco más.

No son míos los gestos de una cara que sonríe,

ese del reflejo no puedo ser yo.

“Esta tarde ha llovido como nunca”

y aún tengo sed.

El vaho forma coronas de espinas

sobre las personas que conversan.

Nuevamente ha empezado a llover.

Una mole de carne en el pavimento,

fue lo único que quedó del hombre más valioso

que ha nacido en este lugar,

murió atropellado por la realidad

que padece delirium tremens.

Ese hombre, que era el único que valía,

murió dejando a la ciudad

a merced de aquellos que miran de lado

y tienen palabras espumosas en la boca,

personas cuyas miradas son garras hiriendo,

o arando, voluntades.

Hay una mujer que en sus ojos

Refleja la parte más nociva de mi realidad.

Sus pasos son ideales

que abren surcos

por las calles oscuras

de la ciudad.

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Tus palabras, corazón,

se posan en los hombros de las estatuas

de dudosos héroes

que vigilan aquellas avenidas

de las que hablas en sueños,

en ciudades que me toca soñar

para comprender a tus héroes.

En mis sueños hay una mujer tangible,

su piel huele a mandarina y sus labios saben a nuez,

veo su reflejo en el cristal de la ventana,

me acaricia las manos, me despoja de la desesperanza.

Ella sólo existe en tus sueños, corazón,

pero me saluda,

su rostro lleva marcas de varias noches de amor

y una vida infausta.

Le sonrío con mi más falsa sonrisa,

me muestra sus senos,

acaricia mi miembro,

camina hacia la pared

y se esfuma,

horas después aparece golpeada,

se carcajea de mi asombro y grita

“Ya te dije, aunque me pegue, no lo dejaré, así que vete”.

4

En mis noches hay una mujer sombra

de voluptuosa figura,

abre sus piernas

y de su sexo

aparece una luciérnaga

que da una tenue luz que apenas ilumina su rostro.

Luego, su mirada oscurece mi cuarto,

me abraza

y la luciérnaga estalla.

Las paredes de mi cuarto están muy sucias,

son demasiados restos de luciérnagas.

Restos de miles de insectos despedazados

simulan paisajes surrealistas,

mi cuarto se cambia de ciudad.

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5

En mis libros

vive una mujer de palabras.

Ella es muda,

pero su sonrisa es siempre

la palabra justa que necesito para llegar al final del día.

Leo “Altazor”

y la mujer que vive en mis libros

tiene docenas de orgasmos,

me hace el amor con sus silencios

y termino escribiendo poemas

en la piel de  la mujer que habita mi vida.

La mujer de mi vida sólo sabe dormir desnuda

y cada madrugada me crea un nuevo día,

he llegado a pensar que los días nacen de su sexo .

Días que a veces son azules

y pueden ser días-mar o días-tormenta,

días-cielo, días-cascada, días-lluvia,

días en que un billete de veinte pesos hace feliz

a un limosnero, afuera de la iglesia de Loreto.

Días verdes debajo de un puente peatonal,

lugar propio para el sexo de un amor fugitivo.

Una tarde, hace treinta años,

descubrimos que la ciudad

era propicia para hacer una revolución.

Los días eran rojos y blancos

como las bragas de la mujer que hoy ocupa mi vida.

Los días tenían ese olor a canela

como el olor que emana de la piel

de la mujer que desde hace varios inviernos me rapta la vida.

Son días con  sabor a vainilla

como los besos de la mujer que hoy domina mi vida.

La mujer que hoy somete mi vida

es la reencarnación de todas aquellas viejas revoluciones.

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Acerca de Jacobo Mina

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