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Bye bye bird

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Una panorámica de los barrios bajos de la ciudad

Obra ganadora del Premio Nacional de Dramaturgia Joven 2016, presenta una vorágine delincuencial con altas dosis de humor ácido

Sala Xavier Villaurrutia

  E  l asesinato de un gringo afroamericano en una unidad habitacional de Azcapotzalco detona la historia de Bye bye bird, puesta en escena del joven dramaturgo José Manuel Hidalgo, que fue estrenada en la Sala Xavier Villaurrutia del Centro Cultural del Bosque, donde ofrecerá temporada hasta el 15 de abril.

La obra, ganadora del Premio Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo 2016, bajo la dirección de Alejandro Ricaño, ofrece una panorámica de los barrios bajos de la Ciudad de México, a ritmo de blues, cumbias y hip-hop.

En una vorágine de robos, violencia, sexo, asesinatos, secuestros, peleas, embarazos no deseados y narcomenudeo, están envueltos los adolescentes que habitan unos departamentos de interés social en Azcapotzalco, con nombres tan sui géneris como el Kevin, el Johny, la Jennifer Montserrat y el Brayan.

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Sus vidas cambian cuando comienzan a convivir con un gringo afroamericano apodado Bye bye bird, el tipo con más clase de la unidad, quien les dio un toque internacional, pues era el único negro en el barrio, les enseñaba inglés y los deleitaba con la música de su armónica.

Entre caguamas, monas y toques de mariguana, una triada de jóvenes, con altas dosis de humor ácido, recuerdan a este singular personaje, que tomaba whiskey, “era buena onda como todos los negros” y que fue asesinado justo el día de cumpleaños del Kevin, con un balazo en la cabeza.

Al mismo tiempo, van contando parte de sus vidas y de la brutalidad cotidiana de la delincuencia en que están inmersos: cómo dejaron la escuela o más bien porqué los corrieron, cómo roban y consiguen hasta 15 celulares en una sola tarde.

A pesar de todo, estos tres personajes parecen encantadores, acaso porque ignoran su propia condición y la desdicha de la que son portadores y es que, por ejemplo, no sabían que uno de sus vecinos era secuestrador, pero después comienzan a ayudar en las labores de ese ilícito.

En un escenario móvil con tambos metálicos, llantas y partes de carros desvencijados y entre anécdotas de narcomenudeo, el Kevin embaraza a la hermana del Johny y obviamente, le pone a su hijo Dylan Hernández, como el cantante Bob Dylan a pesar de que nunca lo ha escuchado.

Tras una serie de denuncias y operativos, el mundo de estos chicos, que se encuentran solos en medio de un pesado infinito, se derrumba, pues la unidad en que vivían se convierte en una tienda departamental, pero ellos, aun así siguen en el cotorreo.

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Bye bye bird es una coproducción entre el Instituto Nacional de Bellas Artes, Los Guggenheim y Patricia Güijosa y cuenta con las actuaciones de Sara Pinet, Luis Eduardo Yee y Ricardo Rodríguez, mientras que el diseño de escenografía es de Jesús Hernández.

Para esta puesta en escena, el director Alejandro Ricaño ha señalado que buscó construir una estética en la que convivieran armónicamente culturas populares tan dispares, todo con el fin de que el relato escénico transcurra de manera fluida a través de una narración coral, en la que los actores asumen las voces de todos los personajes incidentales.

Bye bye bird ofrece temporada en la Sala Xavier Villaurrutia del Centro Cultural del Bosque hasta el 15 de abril, con funciones jueves y viernes a las 20:00 horas, sábados a las 19:00 y domingos a las 18:00 horas.

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