Para recordar a Eusebio Ruvalcaba

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Conversación homenaje a Eusebio Ruvalcaba a siete meses de su fallecimiento
Era, Eusebio, un irreverente hasta en las charlas que ofrecía, por eso mismo, porque ya estaba distanciado de todo aquello que instala a un literato en el estrellato cultural: Víctor Roura.
El pasado martes 5 de septiembre en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes

  A  dmirador confeso de Johannes Brahms y Ludwig van Beethoven, y lector empedernido de José Revueltas y de los clásicos de la literatura rusa, Eusebio Ruvalcaba fue recordado por amigos y colegas en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

 
Los escritores Enrique González Rojo Arthur y Víctor Roura participaron en la mesa Para recordar a Eusebio Ruvalcaba, la cual fue enriquecida con una lectura de cuentos por parte de Cecilia Ruvalcaba Castillo.
Escuchar música y compartir su devoción por ella eran algunas de las pasiones de Eusebio Ruvalcaba, quien se dedicaba “ocasionalmente a escribir algunas líneas”.

 
Para  Víctor Roura, uno de sus más cercanos amigos, “era un trinomio su básico tránsito literario: música, mujeres y desarrollo infantil. En sus últimos años, enamorado nuevamente, se sumergió, sobre todo, prácticamente desalojando los otros dos temas suyos, en las cuestiones del amor impúdico, del amor que no se puede explicar por tratarse de algo intangible, de ahí que sus últimas aventuras narrativas frontericen entre Tánatos y la osadía erótica, que llegaba a rebasar, por eso mismo, los términos de la escatología. Porque el amor en su narrativa no es una cosa blanda, sino enteramente bukowskiana”.

 
Eusebio Ruvalcaba nació en la Ciudad de México el 4 de septiembre de 1951 y falleció en la misma urbe el 7 de febrero de 2017. A lo largo de su carrera se desempeñó no solo como narrador, sino también como poeta, ensayista y dramaturgo.

 
Fue reconocido ampliamente como editor de la página literaria La Furia del Pez, director del suplemento cultural del diario Tribuna, corrector de estilo de la sección cultural de El Financiero y coordinador cultural de la revista Vértigo.También Fue colaborador de Casa del Tiempo, Cronopio, periodismo cultural, El Día, El Financiero, Heterofonía, Jazz, La Mosca en la Pared, La Semana de Bellas Artes, Milenio, Ovaciones, Péñola, Punto, Revista Mexicana de Cultura, Summa, Tiempo Libre , y Tribuna, entre otras publicaciones. Su novela Un hilito de sangre fue filmada en 1995 por Erwin Neumaier.

 
Entre algunos de los premios que cosechó se encuentran el de Cuento El Nacional 1977 por Antisonata, Punto de Partida de Teatro 1978 por Bienvenido, papá, Nacional Agustín Yáñez para Primera Novela 1991 por Un hilito de sangre, Nacional de Cuento San Luis Potosí 1992 por Jueves Santo e Internacional de Cuento Charles Bukowski 2004 por El despojo soy yo.

 
“La imaginación del querido Eusebio era tan absorbente que incluso en una plática común no se sabía cuáles de las partes que decía eran ficción y cuáles otras realidades. En serio, varias veces me pasó que creía en una cosa que al final resultaba una invención que acabé por comprender que Eusebio, en sí, era un filtro narrativo”.

 
A unos meses de su fallecimiento, Ruvalcaba dejó en la literatura mexicana un hueco en “el arrojo por los temas incorrectamente políticos; la osadía de escribir lo inenarrable, como en su novela Todos tenemos pensamientos asesinos. Era, Eusebio, un irreverente hasta en las charlas que ofrecía, por eso mismo, porque ya estaba distanciado de todo aquello que instala a un literato en el estrellato cultural”, finalizó Roura.

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