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	<title>Sandra Estrada &#8211; Cronopio.MX</title>
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	<description>Periodismo Cultural</description>
	<lastBuildDate>Thu, 09 Jul 2015 01:51:40 +0000</lastBuildDate>
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		<title>“Me sentía soñado, era la mujer más  hermosa aquella noche”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Sandra Estrada]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 09 Jul 2015 01:51:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Creación literaria]]></category>
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					<description><![CDATA[Pánico!! era lo único que se podía ver en sus ojos. La sangre bajaba desde su frente hasta su mejilla. La respiración acelerada reflejaba el miedo que recorría su cuerpo al pensar que esa noche su vida acabaría en manos de tres hombres llenos de una terrible furia. –Vas a valer madre por pinche maricon &#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone  wp-image-656 aligncenter" src="http://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/1-gay.jpg" alt="1 gay" width="896" height="397" /></p>
<p style="text-align: justify;">Pánico!! era lo único que se podía ver en sus ojos. La sangre bajaba desde su frente hasta su mejilla. La respiración acelerada reflejaba el miedo que recorría su cuerpo al pensar que esa noche su vida acabaría en manos de tres hombres llenos de una terrible furia.<br />
–Vas a valer madre por pinche maricon –le decía a Alex un tipo con voz grave, de esas voces que intimidan; “el Oso”, le decían.<br />
Los otros dos le daban un par de puñetazos, mientras reían; así, Alex se convertía en uno de los 23 ataques homofóbicos que suceden al año en el Distrito Federal.<br />
Era viernes por la noche, Alejandro se preparaba para salir de antro. Ese día era su cumpleaños 21. Se le ocurrió hacer algo que le encanta: vestirse de mujer. Frente al espejo tomó el labial rojo que estaba sobre la mesa y con él recorrió sus labios de un lado a otro; enchinó sus pestañas largas y pobladas con mucha práctica, como si fuera de lo más natural para él; con delicadeza se colocó la peluca larga color negro que le llegaba hasta la cintura; se puso el bra copa “B” que se había comprado y lo rellenó con un par de calcetines enrollados. Tomó su pene y lo acomodó de manera que no se notara; deslizó por su cuerpo un vestido azul turquesa, que llegaba un poco arriba de las rodillas, el cual delineaba perfectamente su esbelta figura. Me sentía soñado, era la mujer más hermosa aquella noche.<br />
Salió de su casa a las 10 de la noche, se había quedado de ver con unos amigos en la estación del metro Insurgentes para llegar a “Primer Nivel”, un antro que está en la Zona Rosa. Caminaba con aires despreocupados, se sentía radiante, nada en ese momento podía borrar de su cara esa sonrisa de satisfacción y felicidad que tenía consigo mismo. Para él, esta noche sería perfecta.<br />
Ya había caminado unas cuadras cuando pasó junto a un grupo de hombres que, al ras de la banqueta, tomaban unas chelas. Todos miraron a Alex al mismo tiempo que le decían:<br />
–Hola chiquita, ¿cuánto cobras?<br />
–Putito, ven, te voy a dar de lo que te gusta.</p>
<p style="text-align: justify;">Alex se había acostumbrado a ese tipo de insultos; día a día los escuchaba, al igual que parte de los 525 hombres que sufren discriminación por su preferencia sexual: en la calle, en el trabajo, la escuela e incluso en su propia casa. Volteó y felizmente les mandó un beso queriendo disfrutar de la situación, ese día nada le importaba.<br />
Dos cuadras antes de llegar al metro el Rosario, decidió ir por un pasadizo que lucía oscuro, peligroso&#8230; la sensatez lo abandonó. Sólo podían observarse las luces de los autos que circulaban por la avenida.</p>
<p style="text-align: justify;"><img loading="lazy" decoding="async" class="  wp-image-654 aligncenter" src="http://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/3-gay.jpg" alt="3 gay" width="924" height="422" /></p>
<p style="text-align: justify;">El olor a orines y el hedor de la basura inundaban el ambiente. Caminaba acelerado, desesperado por dejar atrás ese lugar que le causaba inseguridad, miedo. Faltaba un paso para salir de aquel impasse… no supo cómo, en qué momento, o de dónde salieron aquellos tipos que lo empujaron contra la pared. ¡Uno, dos, tres golpes en la cara! Alex no entendía qué sucedía. El miedo lo invadió doblemente en ese preciso instante:<br />
–¡Déjenme! ¡Déjenme, no les he hecho nada! –decía.<br />
–¡Oso, rompeselo, rompeselo! –decía uno de sus acompañantes.<br />
Alejandro sintió que le desgarraban el vestido, al tiempo que pulverizaban sus ilusiones y acababan con su felicidad.<br />
–Ya valiste madre pinche puto –se oía.<br />
Alex recibía una patada tras otra en las costillas probablemente rotas de tantos golpes; no podía ver nada, estaba bañado en sangre, solamente escuchaba:<br />
–A los maricones como tú se les tiene que hacer esto para que se vuelvan hombrecitos.<br />
(El 30% de las agresiones hacia homosexuales se llevan a cabo en las calles.) El dolor era tan intenso, como si un auto lo hubiese atropellado una y otra vez. No sabía cuánto tiempo había pasado, ni le interesaba, sólo quería morirse, que esa agonía terminara; no aguantaba más.<br />
–¿Ya está muerto? –preguntó uno de ellos.<br />
–No, aún no.<br />
–Pinche maricón, sí aguantas vara, pero ya nos cansamos de darte en la madre, así que voy a terminar contigo. Descuida, no te va a doler –dijo el Oso, mientras soltaba una fuerte carcajada.<br />
Alex sintió algo frío en la frente; aquel hombre cortó cartucho en su sien, fue bajando la pistola hasta llegar a su cuello, su pecho, su ombligo y paró justo en su pene.<br />
–Te dije que no te iba a doler –enfatizó con sarcasmo.<br />
Alejandro sabía que era el fin; el fin del que él pensaba sería el mejor día de su corta vida.<br />
Se escucharon las sirenas de una patrulla.<br />
–¡Vamonos carnal, déjalo o nos van a atorar!<br />
–¡Corre, corre, Oso!<br />
Alex escuchaba vagamente los pasos de sus atacantes que se alejaban rápidamente del lugar.<br />
–No te preocupes, todo va a estar bien, la ambulancia no tarda en llegar –le dijo un transeúnte que había observado toda la escena.<br />
Alejandro no pudo contestar, estaba casi desmayado. En un breve instante se vio rodeado de gente. Se acercó un paramédico preguntando al tumulto:<br />
–¿Qué pasó?, ¿por qué lo golpearon?<br />
Y una voz respondió:<br />
–¡Por pinche maricon!</p>
<p style="text-align: justify;"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-655 aligncenter" src="http://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/2-gay.jpg" alt="2 gay" width="924" height="422" /></p>
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		<title>Infancia Corta</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Sandra Estrada]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 05 Apr 2015 19:56:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Noticia cultural]]></category>
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					<description><![CDATA[Eran las 9:00 pm y María sabía que tenía que prepararse, porque dentro de una hora saldría en busca de su primer cliente. No había nacido prostituta&#8230; pero a los 14 años ya estaba en las puertas de una casa de citas. Tampoco alcohólica&#8230; pero a esa misma edad ya tomaba tragos. Ni drogadicta&#8230; pero desde &#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="page" title="Page 11">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p style="text-align: justify;">Eran las 9:00 pm y María sabía que tenía que prepararse, porque dentro de una hora saldría en busca de su primer cliente. No había nacido prostituta&#8230; pero a los 14 años ya estaba en las puertas de una casa de citas. Tampoco alcohólica&#8230; pero a esa misma edad ya tomaba tragos. Ni drogadicta&#8230; pero desde muy temprano fumaba marihuana. A los 14 años la vida le jugó una mala pasada.</p>
</div>
</div>
<div class="layoutArea">
<div class="column" style="text-align: justify;">
<p>En México, más de 20 mil niños y adolescentes son víctimas del comercio sexual. En el D.F., específicamente en la zona de La Merced, se ubican mafias que organizan y controlan la prostitución de indígenas y campesinas robadas o vendidas por sus familias.</p>
<p>María tiene un ritual de belleza vestirse, con un vino barato, es un hábito que adquirió de su pobre madre alcohólica que murió hace tiempo. Abre un cajón y de en medio de su ropa interior saca un buen par de pantys y comienza a deslizar su cuerpo dentro de ellos; entra en un pie, desliza pantorrilla y roza rodilla; llega a la entrepierna y se empata con sus ligueros negros a juego de encaje y marcas de mordiscos. Repite el recorrido en la segunda pierna y pasa a jugar con cremas de olor y sabor para dejar sorpresas por su cuerpo. Anda en tacones por toda la casa solo por coquetería, ama el sonido que hacen, ese sonido de poder, un poder que solamente 15 cm pueden darle a una mujer de noche.</p>
</div>
<div class="column" style="text-align: justify;">
<p>Continúa con la copa del tinto barato que tiene que volver a llenar, pasa al espejo, “puta sin maquillaje no es más que el 15% de una mujer aburrida perdida en la calle”, juega a exagerar como cuando de chiquita le robaba el maquillaje a su madre, la única diferencia es que ahora sabe dónde colocar cada juguete y cómo moverlo. Por último, y para complementar se coloca una falda de cuero pegada por encima de la rodilla, dejando entre ver el comienzo de su liguero y el final de la quincena de algún tonto borracho.</p>
<p>Se mira en el espejo y ve las ojeras de cansancio que muestran sus ojos y al lado de éstas, las arrugas de su rostro. Da el último trago a su copa y recuerda cómo llegó a convertirse en prostituta. Era una niña muy feliz, trabajaba por las tardes en el puesto de su mamá ayudando a vender verduras en un mercado de San Lorenzo Oaxaca. No era mala hija, ayudaba en lo que podía, pero su cabeza soñadora estaba más allá. Sabía que había un mundo lleno de aventuras, y lo sabía porque era una <em>voyeur</em> de la vida, percibía las fiestas, aventuras y amores que les hacen ser especiales.</p>
</div>
<div class="column" style="text-align: justify;">
<p>Recordó aquel día en que sus padres la vendieron a esos hombres -a falta de dinero-. “no te preocupes, me prometieron que vas a tener mejor vida que aquí”, le dijo su papá. Con lágrimas en los ojos dejó que aquellos hombres se la llevaran quién sabe a dónde, quién sabe para qué, la subieron a una camioneta y dejó atrás su felicidad&#8230; su vida&#8230; su niñez&#8230;todo! Las prostitutas que deambulan por bares, hoteles clandestinos, bodegas de la Central de Abastos son por lo regular, niñas provenientes de Oaxaca, Chiapas y Tlaxcala, y en más del 70% de los casos son analfabetas.</p>
<p>Rememora cómo era aquel lugar donde la llevaron por primera vez. Era un edificio de tres pisos, con un aspecto sucio y algo viejo. La metieron a un cuarto en el cual se encontraban otras 10 niñas más, que como ella no sabían lo que estaban haciendo ahí.</p>
<p>“¡Bienvenidas!, aquí van a tener trabajo y van a estar bien mientras hagan lo que se les dice”, dijo una mujer delgada y muy arreglada, la “Tía”, le decían. Aquella mujer les explicó todo lo que iban a hacer en ese lugar, les prometió ganar mucho dinero siempre y cuando obedecieran a todo lo que ella les dijera. Por lo regular, las niñas prostitutas son sobrexplotadas y por cada relación sexual, algunas sólo perciben menos de 50 pesos.</p>
</div>
<div class="column">
<p style="text-align: justify;">Ya habían pasado 10 años desde aquel primer cliente, del día en que dejó atrás su niñez para convertirse en mujer con tan solo 14 años de edad. Actualmente el 20% de las sexo servidoras tienen entre 12 y 18 años según la UNICEF, mientras que el DIF señala que 50% son infantes. Se trata por lo regular, de niñas que escapan del maltrato, o cuyos padres fueron engañados con la promesa de trabajo, comida y techo en la Ciudad de México.</p>
<p style="text-align: justify;">El sonido de un claxon interrumpe aquellos recuerdos de 10 largos años, antes de salir, le pide a Dios que cuide de ella que la traiga de vuelta a casa y que le mande hombres sin SIDA con ganas de golpear solo por placer. Deja todo ordenado para que cuando llegue en la mañana, la cama la abracé como el único amante que le interesa de la noche. Sale, la está esperando el taxi de siempre, lo conduce Raúl, el taxista sin familia de la cuadra, que por un par de billetes y dejarle tocarle las tetas la llevaría al fin del mundo.</p>
</div>
</div>
</div>
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