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	<title>Wilson Pérez Uribe &#8211; Cronopio.MX</title>
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	<description>Periodismo Cultural</description>
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		<title>Fragmentos de una escritura perdida</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Wilson Pérez Uribe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 16 Sep 2017 00:26:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Creación literaria]]></category>
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					<description><![CDATA[El silencio se hace curación. El silencio va retomando los pliegues de la memoria, los ordena, los ajusta. El silencio se hace reconocimiento y, mucho más importante, se hace respiración. Como una música serena en cuyos acordes se avivan los recuerdos de antaño, el silencio va dejando una leve sensación, una dócil caricia que nos &#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>El silencio se hace curación. El silencio va retomando los pliegues de la memoria, los ordena, los ajusta. El silencio se hace reconocimiento y, mucho más importante, se hace respiración. Como una música serena en cuyos acordes se avivan los recuerdos de antaño, el silencio va dejando una leve sensación, una dócil caricia que nos enfrenta, de una manera inexplicable, a lo que dicen las palabras y a lo que callan los labios.</p>
<p>El silencio es, también, el modo en que me reconozco mientras te pienso.</p>
<p>…<br />
Con tristeza contemplo al árbol muerto en la fangosa llanura. Sus hojas encorvadas y la fragancia de su tronco expresan una rara belleza. He sido valiente al acariciarle; él es tan parte de mí como yo de él. Su esencia vegetal permanecerá intacta en la profundidad de la tierra, en el aire, en las palabras viajeras del agua.</p>
<p>Qué brota de la tierra que jamás se esfuma, qué secreto, qué verdad, qué revelación.</p>
<p>…<br />
Escuchando a Gabriel Fauré he comprendido que la música es un danzar en el vacío, al modo en que lo promulgaban los antiguos míticos hindúes. La música es la imitación de las constantes naturales: el agua salpicando las rocas, el fuego ardiendo en ritmos secretos y el aire diluyéndose a través de nuestro cuerpo.</p>
<p>…<br />
Pensar mientras se acaricia la hoja en blanco.</p>
<p>…<br />
Daphnis et Chloé, obra del compositor francés Maurice Ravel, es una apasionada fuente de colores y decorados al estilo griego. Hay en ella una sensación vital de armonía y de renovada luminosidad.<br />
Recuesto mi cabeza en el dorso cóncavo de la mano, mientras la música se ensancha, retorno a instantes de quietud y de furor, cual una caricia, una ventisca o el hundimiento necesario en el sueño. Daphnis et Chloé, más que un ballet, es el tiempo de un ámbito donde los sonidos se corresponden, y, de una manera delicada y sopesada, la vida solo puede ser una costumbre silenciosa que mientras nos hace desgraciados nos tranquiliza y ennoblece.</p>
<p>…<br />
En las antiguas pinturas japonesas persiste una cierta inclinación por la sobriedad y el naturalismo. Allí viven instantes, modelos fotográficos de un cerezo en flor, dos grullas bebiendo de un arroyo al atardecer o la niebla matutina cubriendo las laderas del monte Fuji. Quizá el único capricho existente en alguna de aquellas obras pictóricas, sea la de ser lo más fielmente posible a las resonancias naturales, como si además de ver, se pintara con la mano del corazón.<br />
La obra de  Katsushika Hokusai es a un tiempo una cercana emoción del paisaje oriental. En sus trazos los personajes prolongan una íntima relación con su entorno. El arte antiguo de Japón revela, no una verdad candorosa, sino un acontecimiento, un suceso; deja abierta una ventana, un claro; anuncia una experiencia vital, una música jamás escuchada, una palabra, una emoción.</p>
<p>…<br />
Ha cruzado un pájaro veloz por mi ventana. El movimiento es atracción y yo me inclino ante su trayectoria. El pájaro sigue un curso natural y, sobre todo, impredecible. ¿Qué permanece?: el eco, la vibración, una caricia, una línea recta entre el aire.</p>
<p>Y un pájaro cantó, delgada flecha.<br />
Pecho de plata herido vibró el cielo,<br />
se movieron las hojas,<br />
las yerbas despertaron…<br />
Y sentí que la muerte era una flecha<br />
que no se sabe quién dispara<br />
y en un abrir los ojos nos morimos.</p>
<p>&#8211; Octavio Paz</p>
<p>…<br />
Lectura de poemas: si John Keats no hubiera escrito ninguna línea, jamás hubiéramos sabido del canto del ruiseñor, de las fragancias estivales o del amor condenado a la fragilidad de la memoria.</p>
<p>Fragmento de Endimión.</p>
<p>… ¡Me aferré<br />
a la nada, amé a una nada, nada vi ni sentí<br />
más que un gran ensueño! ¡Oh, presuntuoso pequé<br />
contra el amor, contra el cielo,<br />
contra todos los elementos, contra el lazo<br />
que une a los mortales, contra los capullos<br />
de las flores, el fluir de los ríos, y contra las tumbas<br />
de los héroes difuntos! Contra su propia gloria<br />
conspiró mi alma…<br />
(Traducción de Julio Cortázar).<br />
&#8211; John Keats</p>
<p>He querido evadirme de los otros, ocultarme en mi propia historia, ser corteza, onda, brisa. Aspirar a lo inasible ha sido un golpe del que, atraído por una levedad insospechada, pocas veces he logrado escapar con la fortuna que el mismo acto presume. Como John Keats, supuse, en ciertas ocasiones, que la sensibilidad habría de sobrepasar todo pensamiento, y que el orden de las cosas no podría ser advertido a menos que hubiera hecho de cada instante poesía en un estado natural. Pero no hay tierra que no sea cavada más allá de una noble suposición, y no existe la persistencia en el amor o en el deseo; siempre, frente a todo pronóstico, nos vemos asaltados por la risa o la melancolía y advertimos en ello el doblez de la realidad, y lo comprendido no es otra cosa que una grosera afinidad con lo común, con lo habitual.</p>
<p>&nbsp;<br />
<img decoding="async" loading="lazy" class="alignnone  wp-image-4680" src="http://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/laura-makabresku_21.jpg" alt="laura-makabresku_21" width="215" height="147" srcset="https://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/laura-makabresku_21.jpg 600w, https://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/laura-makabresku_21-110x75.jpg 110w" sizes="(max-width: 215px) 100vw, 215px" /><img decoding="async" loading="lazy" class="alignnone  wp-image-4681" src="http://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/laura-makabresku_22.jpg" alt="laura-makabresku_22" width="147" height="147" /><img decoding="async" loading="lazy" class="alignnone  wp-image-4682" src="http://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/laura-makabresku_23.jpg" alt="laura-makabresku_23" width="146" height="146" /></p>
<p>Serie fotográfica/ Laura Makabresku</p>
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		<title>Fragmentos hacia los días críticos de Chantal Maillard</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Wilson Pérez Uribe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 01 Aug 2016 00:39:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Creación literaria]]></category>
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					<description><![CDATA[Todo lo que escribo es cierto, pero nunca vivirá más que dentro de ustedes mismos. Mi “intimidad”: lo que soy, está a salvo, como lo está la de todos: indescifrable. Chantal Maillard, fragmento 342, p. 222. Filosofía en los días críticos es el nombre de los diarios de Chantal Maillard, poeta y ensayista española de &#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><b><i>Todo lo que escribo es cierto, pero nunca vivirá más que dentro</i></b></p>
<p style="text-align: right;"><b><i>de ustedes mismos. Mi “intimidad”: lo que soy, está a salvo,</i></b></p>
<p style="text-align: right;"><b><i>como lo está la de todos: indescifrable.</i></b></p>
<p style="text-align: right;"><b><i>Chantal Maillard, fragmento 342, p. 222.</i></b></p>
<figure id="attachment_3589" aria-describedby="caption-attachment-3589" style="width: 328px" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-3589" src="http://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/Captura-de-pantalla-2016-07-31-a-las-19.35.52.png" alt="Captura de pantalla 2016-07-31 a la(s) 19.35.52" width="328" height="289" /><figcaption id="caption-attachment-3589" class="wp-caption-text">Charles Michel. Postimpresionista belga en México, se presentará del 15 de julio al 2 de octubre en el Museo Nacional de San Carlos.</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;"><b>F</b>ilosofía en los días críticos es el nombre de los diarios de Chantal Maillard, poeta y ensayista española de origen belga. Estos diarios perfilan una escritura desde sí. Cada fragmento irrumpe por sacudidas, cual música tensa, cual hilo que se va destejiendo y tejiendo a la vez. La idea de subjetividad está marcada en cada página de estos diarios. ¿Cómo indagar por ella? Tal vez pensando que todo diario es un viaje personal y la escritura un camino de vida elegido de manera consciente.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>…</strong></p>
<p style="text-align: justify;">            “Acaricio mi sufrimiento, lo acaricio y lo cuido porque es lo que más se me parece” (2001, p. 13). Así escribe Chantal Maillard, afirmando el dolor que mana del ser porque es lo real, lo que acontece en el tiempo. Cuidar de él supone un acto de voluntad en compañía de la escritura, las palabras y el silencio. María Zambrano afirmó que “escribir es defender la soledad en la que se está” (2004, p. 164); Chantal Maillard en Filosofía de los días críticos (2010), confiesa que escribir es una cura, pero también es el contorno de una expresión, de un grito, de un lamento. La escritura es así: un viaje donde las palabras, al cumplir su destino de carne, son camino para des-andar sobre lo que se padece. La escritura no es más que la posibilidad de destejer sobre uno mismo lo que se ha sido.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>…</strong></p>
<p style="text-align: justify;">            Por el don de la escritura es posible la ausencia del yo. Las palabras buscan que el silencio guarde aquello improbable, aquello no atisbado. Todo lo que no se presenta de manera física es, en realidad, la justificación de los actos ejecutados.  Salvo que, al final, ello se convierte en un deber, en una probable forma de continuidad. Chantal Maillard dice, previendo el borde que esa ausencia habrá de generar: “Necesito (…) alejarme de todo lo que sé (…) ausentarme del debo” (ibid., p. 62). La constitución de un modo de ser frente a eso que debería estar y que por fuerza de la escritura se nombra y se intenta alejar, se convierte en el anhelo de ser ausencia, no olvido o escape, sino una figura – otra entregada a una cierta naturalidad: “Necesito tan sólo sentir cómo un rayo de sol se aposenta en mi mejilla y desciende por la curva de mi cuello” (p. 62).</p>
<p style="text-align: center;"><strong>…</strong></p>
<p style="text-align: justify;">            Lorena Amaro Castro (2011) refiere, tras una lectura de Roland Barthes, que hay espacios neutros donde la subjetividad parece diluirse, hay una “presencia misteriosa de un discurso-murmullo que se sostienen como último escombro de la obra en demolición” (2011, p. 123). Es luego la escritura el retorno a esos espacios huérfanos donde la subjetividad se torna necesaria ausencia. ¿Qué aparece tras ella?, tal vez la ecuanimidad.  Chantal Maillard, en el fragmento número 132, escribe: “Hoy, al menos por este día, he sido, soy la que no imaginé que pudiera ser alguna vez, y me conmueve constatar que la existencia adquiere una levedad que nunca antes hubiese podido suponer que tuviera” (p. 95). Al menos por este momento todo está bien, no hay un orden establecido, no hay formas hechas de juicios, medidas, balanzas; todo es ecuanimidad, ésta “hace que todas las cosas se encuentren en su momento y en su lugar. En presente” (p. 96). El hecho de escribir rompe con las maneras dadas, ilustra, de cierta manera, la posibilidad de lo nuevo, de una cierta promesa. Escribir como percepción de todas las cosas, en su momento presente, tal como son, sin atavíos secundarios. Escritura como acercamiento a la indiferencia. Nada habita en el interior, salvo esa sensación, esa neutralidad que da a saber que “todo está bien –que- (…) no hay ni mejor ni peor; cada cosa es lo que es y está bien así” (p. 95)”.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>…</strong></p>
<p style="text-align: justify;">            El silencio como curación en el centro de todo acto. Permanecer en silencio tras la angustia, tras el dolor, y percibir cómo los objetos se ajustan y nos forman luego de la deformación sufrida tras aceptar que somos algo. Chantal Maillard lo reconoce como un volver a ese centro, “(…) donde el silencio describe el hueco e instala las cosas, de nuevo en la periferia” (p. 127).</p>
<p style="text-align: center;"><strong>…</strong></p>
<p style="text-align: justify;">            Rudolf Lassahn (1991) considera que el lado racional del hombre ha de cuidarse con esfuerzo e instrucción; permitir que la sombra del animal se superponga sería como retornar a la oscuridad de la caverna. La escritura como el silencio suscitan un extraño esfuerzo, no porque pese el hecho de llevarlos a cabo, sino para hacerlos instante entre instantes. Mientras Chantal Maillard escribía sus diarios retornaba a sí misma. El padecimiento de la enfermedad, el desamor o el olvido, no era menos que la muralla levantada para observar el horizonte y no la frontera. Acariciar el contorno de la muerte mientras la dedicación por vivir imperaba frente a todo signo de desaliento. Y ante todo, ¿qué era aquello que le permitía sostener su propio mundo? Escribir, no como un salvavidas, sino “como quien des-espera / para cauterizar / para tomarle las medidas al miedo / para conjurar / para morder de nuevo el anzuelo de la vida / para no claudicar” (2004, p. 74).</p>
<p style="text-align: center;"><strong>…</strong></p>
<p style="text-align: justify;">            “Decir sujeto es enunciar una especie de esclavitud, un concepto” (2004, p. 86). Así percibe María Zambrano el hecho de que a ningún ser humano se le presente el sentir de ser sujeto. ¿Cuándo se siente sujeto el hombre? Cuando ha reflexionado, cuando se ha mirado a sí mismo. Pero ese reconocerse a sí mismo parte, primeramente, de sentirse mirado. Es en lo otro donde el hombre construye sus diques. Toda referencia, cual espejo, funda un reto, un ir en contra de. Es a partir de allí donde el ser humano ha de Ser. Sin embargo, qué peso el que se carga al ser uno mismo, ser mí mismo. Chantal Maillard confiesa en el fragmento 101: “Padezco una enfermedad incurable: ser yo bajo todas mis circunstancias” (p. 73). Ese “ser yo” no es menos que la codicia de lo otro o la falsa humildad de objetividad. En todo caso, ¿no habrá el hombre de alejarse de sí mismo al haberse encontrado? ¿Cuándo habrá de suceder? Tal vez cuando las formas del deseo se haya extinto y no quede la fortuna de mirar o ser mirados. ¿Y qué queda? ¿Qué susurro, qué consuelo, qué último ladrillo para la nueva edificación? Chantal Maillard lo sabe, es la escritura el contrapunto frente a lo que intenta comenzar desde el impulso de ser: “Mi escritura es un “no” a la ausencia, es un “a pesar de ello”, un acto de voluntad frente a la nada” (p. 66)”.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>…</strong></p>
<p style="text-align: justify;">            Escribir como un ir y venir entre lo que es y no es, entre lo que está y no está. Escribir como paladear constantemente la palabra poética, esa que “amplía en vez de restringir” (p. 75).</p>
<p style="text-align: center;"><strong>…</strong></p>
<p style="text-align: justify;">            La escritura como viaje que realiza el sujeto artista en su diario. ¿Qué es el diario? La forma de una huella que debe ser recorrida con plena minucia. Esa huella obedece a un sentido particular de concebir la vida. Amelia Cano Calderón (1987) concibe al diario como una narración íntima del mundo. Sin embargo, el diario actúa como una suerte de caleidoscopio pues sugiere una forma de mirar cual prisma que reduce la realidad a un punto común. La escritura del diario no es menos que la reafirmación del ser frente a lo inconmensurable, porque la página acontece tras la difícil comprensión de que el hombre es semilla plantada en un vasto prado. Chantal Maillard dice: “Siento en mí la naturaleza andrógina del universo. Soy el proyectil y el lugar de su impacto. Una fuerza inmensa me recorre queriendo alumbrar planetas y galaxias” (p. 94). ¿No se perfila acaso un deseo de comunión y de fusión con las formas que sobrepasan al ser humano? Esta escritura se revela confusión, pero no de duda o misterio, sino de una plena admiración: ser en lo que ya es, siendo mientras las cosas van tejiendo su orden, su pálpito, su modo extraño de ser.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>…</strong></p>
<p style="text-align: justify;">            Todo diario es la forma acabada de un silencio, ¿qué página difícilmente escrita no lo es?, ¿qué aprendizaje, qué reconocimiento no está precedido por un silencio? Y el silencio es ausencia de sí, incapacidad de reunir el rompecabezas roto después del arduo juego con las palabras. Al fin de cuentas ellas han salido victoriosas.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>…</strong></p>
<p style="text-align: justify;">            “¿Por qué dolerá ese músculo estúpido en el centro de mi pecho cada vez que, por delante de mis ojos, pasa la palabra ausencia? ¿Por qué no me ausentaré, yo también, de mí misma?” (p. 119). Porque ante el silencio que la escritura precede queda el ser hecho migajas. Al final del renglón esa palabra ausencia reúne el resquebrajamiento del mundo del sujeto: sus modos de ser, sus concepciones de vida, sus anhelos, sus utopías, sus errores, sus prejuicios; todo en vilo, a punto de desmoronarse. ¿Por qué sentir esa ausencia en el corazón? María Zambrano dice que el corazón es motor inmóvil, centro donde todos los sonidos del cuerpo tienen lugar. El corazón: “un ser viviente que dirige desde adentro su propia vida a imagen real de la vida de un cierto universo donde la conflagración no sería posible sin la extinción de una razón indeleble” (2004, p. 239). La escritura funciona al ritmo del corazón, hay un puente que une ambos actos: uno, el de decir lo que el cuerpo siente; otro, el de encender lo que el cuerpo olvida.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>…</strong></p>
<p style="text-align: justify;">            Fragmento 144: una plegaria en favor de la armonía y de la felicidad, de la “conciencia originaria” de la que habló Foucault y de la cristalización de la pura subjetividad antes de escindirse.</p>
<p style="text-align: justify;">Refugio del Hirguan. –Mi escritura es añoranza de la piedra y del musgo, de la corteza áspera y el enramado tibio, mi escritura es añoranza del agua del arroyo en los barrancos, mi escritura es añoranza del letargo felino en una rama oblicua, mi escritura es añoranza del bosque, es añoranza de mí misma. No escribiré. Aquí, esta tarde, no escribiré. Me envuelve la claridad sonora de la tarde. Se transparenta en lo verde la memoria vegetal del universo. (p. 107).</p>
<p style="text-align: justify;">Esta escritura no desea retornar al ser que la parió. Esta escritura no obedece a un modo de mirar, a un modo único de palpar la vida como si la ceguera hubiera hecho abismo en cada espacio habitable. Esta escritura persiste en retornar al origen, quiere perderse, filtrarse cual hilo de agua. Esta escritura es añoranza de las formas elementales de la vida: la piedra, el musgo, la corteza y el enramado; el arroyo débil, el bosque, el mí. Y al reconocer Chantal Maillard que dichas formas ya son, que se agitan, que circundan bajo un orden de los elementos, comprende que no habrá que inmiscuir los modos en que el sujeto legisla sobre el mundo natural, porque ya son espejo del Todo, y no le queda más a ella, sujeto artista, que internar la pregunta del quién soy en la sombra de la piedra o en la humedad del agua del arroyo.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>…</strong></p>
<p style="text-align: justify;">            Tal vez el territorio habitable donde se rehaga el lenguaje y la manera de imaginar represente una herida en el propio umbral del pensamiento sea el hecho de no escribir.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>…</strong></p>
<p style="text-align: justify;">            Esta escritura de los días críticos quiere reafirmar al sujeto, desea izar un monumento a la subjetividad que todo lo quiere saber. Sin embargo, esta escritura de los días críticos anhela consumar la imagen del yo, destituirlo de su trono; persiste, noblemente, en hacer de la subjetividad soberana la forma de lo frágil frente a la ausencia, el dolor, el sufrimiento. La libertad del sujeto torna ser una huida de sí mismo por medio de las palabras, aquellas que, en el acto de escribir, aspiran a ser polvo diminuto entre el orden natural que auspician las cosas. Al final de todo queda la escritura: ojo-centro, ritmo único, temblor sonoro, lugar de encuentro, salvación de los espejismos, natalidad, promesa de la liberación. Nada más, ni el sujeto mismo queda, no quiere quedar. Ante esta conmoción de ideas que nos sacan de sí, Chantal Maillard afirma, en el fragmento 375, con una voz más que humana:</p>
<p style="text-align: justify;">Siempre que vuelvo a la página que me dice, es para reencontrarme. O tal vez sea para soltarme de mí, sí, más bien para soltarme, para echarme de mí, para dejarme a solas y sin lastre. Porque me ocupo de mí en la página, me ocupo de mí y es a modo de exorcismo que me digo, para no estar tan llena de mí, para no ahogarme en mí. (p. 240).</p>
<figure id="attachment_3590" aria-describedby="caption-attachment-3590" style="width: 370px" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-3590 size-full" src="http://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/Captura-de-pantalla-2016-07-31-a-las-19.35.59.png" alt="Captura de pantalla 2016-07-31 a la(s) 19.35.59" width="370" height="251" srcset="https://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/Captura-de-pantalla-2016-07-31-a-las-19.35.59.png 370w, https://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/Captura-de-pantalla-2016-07-31-a-las-19.35.59-110x75.png 110w" sizes="(max-width: 370px) 100vw, 370px" /><figcaption id="caption-attachment-3590" class="wp-caption-text">Charles Michel. Postimpresionista belga en México, se presentará del 15 de julio al 2 de octubre en el Museo Nacional de San Carlos.</figcaption></figure>
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		<title>Da pacem domine -Arvo Pärt-</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Wilson Pérez Uribe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 18 Jun 2016 18:14:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Creación literaria]]></category>
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					<description><![CDATA[Wilson Pérez Uribe Desde: Medellín Colombia He mirado en el fondo del caleidoscopio. Allí el juego incesante del cristal con la música de la luz. He descubierto que el color es una forma del espejo y que el cambio de una tonalidad a otra es la sucesión perfecta de una melodía secretamente ideada. Perplejo, atraído &#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<ul>
<li style="text-align: right;"><strong><span style="font-size: 12pt;">Wilson Pérez Uribe</span></strong></li>
</ul>
<p style="text-align: right;"><strong>Desde: Medellín Colombia</strong></p>
<p style="text-align: justify;">He mirado en el fondo del caleidoscopio. Allí el juego incesante del cristal con la música de la luz. He descubierto que el color es una forma del espejo y que el cambio de una tonalidad a otra es la sucesión perfecta de una melodía secretamente ideada. Perplejo, atraído por un extraño placer, vi la declinación de los ocasos que fueron y los que serán, vi el contorno de un labio que me fue negado en un tiempo de difícil memoria, vi el curso migratorio de la mariposa monarca, vi el ámbar manchado del leopardo en la túnica de los monjes de Bután, vi el estrépito del colibrí al posarse de flor en flor, vi la danza diurna del girasol y el silencioso movimiento de la enredadera. Vi los mares árticos atiborrados de morsas, vi el habitáculo del cangrejo y la espuma surcando la playa, vi las flores del cerezo, la respiración contenida del que apetece morir, el sorbo último de aire del que se aferra con violencia a la vida. Vi en ese cristal de formas vivientes que giraban de acuerdo a una ley que desconozco, la mano deslizándose sobre el piano, las palabras hirientes, las sanadoras, las turbantes, las felices, las tristes, las palabras mil veces necesarias. Vi las canoas flotando a la deriva con orquídeas en los remos, vi el dialecto de los pájaros junto a la charca de barro húmedo, vi la comunión del león sediento con la alta jirafa. Vi las hojas del otoño junto a las tumbas de Hiroshima, vi las pieles curtidas, ajadas, maltrechas en Auscwitz, vi el terrible silencio en la región tibetana. Vi la rosa que sólo quiere ser rosa, el sauce que sólo busca mecerse ante la brisa, la lluvia persistente en la memoria de los tejados. Vi las pirámides, los sepulcros egipcios, los monumentos a los dioses que fueron hombres, vi el viento entre los pliegues de la Victoria alada de Samotracia, vi el sepulcro de Miguel Ángel y el suave mármol de la Pietà. Vi el tiempo irreversible que se lleva las cosas queridas, vi el desgraciado anhelo de perdurar en los días sucesivos que nos consumen y nos hieren y nos olvidan. Vi el orden y el desorden, los eclipses y los planetas, vi la sedosa nube, el fulgir de la estrella, el ondular de una luna sobre la humedad del estanque. Vi la alondra de Julieta y el ruiseñor de Keats, vi la cruz de Nietzsche y el anillo del César, vi la última palabra que pronunció Shakespeare. Vi la muerte, qué inquietud, qué desvelo. Vi la docilidad de la memoria, el ritmo y la espera, vi a un pájaro presenciando el incendio de las nubes, vi las piadosas columnas, las cuerdas del violín, la ansiada Roma. Vi las olas borrando mis pasos en el lienzo dorado de la arena.</p>
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