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	<title>Creación literaria &#8211; Cronopio.MX</title>
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	<description>Periodismo Cultural</description>
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		<title>QUÉ PEDO</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rosamarta Fernández]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 16 Jun 2020 22:40:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Creación literaria]]></category>
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					<description><![CDATA[QUÉ PEDO Era mi primer día de escuela en el colegio de monjas “Anglo Español”. Y fue el último. Cursaba el tercer año de primaria. Me habían expulsado del colegio Motolinía, también de monjas, por haber golpeado a Lolita, sobrina de la directora. La golpeé porque no soporté la forma grosera, humillante en la que &#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>QUÉ PEDO</p>
<p style="text-align: justify;">Era mi primer día de escuela en el colegio de monjas “Anglo Español”. Y fue el último. Cursaba el tercer año de primaria. Me habían expulsado del colegio Motolinía, también de monjas, por haber golpeado a Lolita, sobrina de la directora. La golpeé porque no soporté la forma grosera, humillante en la que trataba a todas las demás, en particular a Lucy, una niña que aunque más fuerte que ella, no se defendía, solo bajaba la cabeza y lloraba. Decían que por ser pobre. Estaba becada en el colegio y temía que siendo Lolita pariente de la directora, le quitaran la beca.<br />
Lolita lo sabía y se ensañaba haciendo alarde de su poder. Total que esa vez le puse una madriza. Lolita ni siquiera sabía pelear, trataba de arañarme, yo pegaba con los puños cerrados. Un amigo de mi mamá me enseñó. Ella terminó con un ojo morado en la enfermería y yo en la dirección de la escuela, sabiendo que me expulsarían.<br />
Para mi sorpresa, la directora, lejos de reprenderme, me dijo: Has hecho muy bien<br />
en ponerle un hasta aquí a mi sobrina, pero tienes que dejar la escuela. No podemos<br />
permitir golpes entre alumnas. Tu mamá ya viene por ti. Mientras la esperaba, varias alumnas se acercaron hasta cierta distancia, despidiéndose con una sonrisa aprobatoria. Algunas en silencio, simulaban un aplauso. Me sentía con un halo de<br />
gloria, había hecho justicia con mi propia mano, Lolita ya no podría ser la misma, Lucy estaría contenta y tenía la aprobación de mis compañeras, también de la directora.<br />
Con recomendación de la misma directora, bajo mi promesa de no volver a pelear, mi madre logró inscribirme a medio semestre en el Colegio Anglo Español. Me<br />
metieron al salón que me tocaba, por la puerta de atrás. La clase estaba empezada.<br />
Por una indicación visual de la maestra, me senté en una de las últimas bancas. No<br />
recuerdo de qué era la clase. Solo veía las cabezas de mis compañeras. Trataba de imaginar sus caras. De repente se oyó un ruido estridente, fortísimo, de algo que salió de mi vientre, un sonoro pedo. Todas las miradas, también la de la monja, voltearon hacia mi. Se creó un silencio. Atónita, no sabía qué hacer. Tontamente, buscaba hacia alrededor para disimular. Inútil. Estaba bien identificado el origen.<br />
Iniciaron las risitas burlonas en rostros desconocidos. Paralizada, las recibía.<br />
VERGÜENZA. La maestra dio varios reglazos a su escritorio llamando la atención y continuó la clase. Sumida en la angustia, yo ya no oí ni vi nada, solo quería desaparecer. Las dos horas siguientes con sus minutos, sus segundos interminables, fueron de tortura. Tuve aún que soportar que la maestra me presentara ante el grupo como la nueva compañera, diciendo mi nombre. Sonrisas cómplices. Muecas de asco. Odié mi nombre, odié a la monja por pronunciarlo, odié a todas las niñas por escucharlo. Odié haber nacido. Me escabullí por la puerta trasera que había entrado, corrí hasta la salida de la escuela. El portón estaba entreabierto. Una monja hablaba con alguien del exterior. Escapé sin atender sus gritos. A pesar de los ruegos, amenazas, golpes de mi madre, no volví. Perdí el año escolar. Todo por un pedo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-7189" src="https://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/869605e7e05ac5f91295f7d9dce22140.jpg" alt="" width="564" height="746" /></p>
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		<title>DOS RECÁMARAS</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rosamarta Fernández]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 16 May 2020 06:03:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Creación literaria]]></category>
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					<description><![CDATA[Dos recámaras había en nuestro modesto departamento, una la ocupaba mi madre. Lugar de ensoñación, habitado por un tocador donde pululan frascos de cristales coloridos con esencias de rosas, pachuli, arpegio, que llevan a cerrar los ojos, aspirando paisajes de valles, lagos, montes, plumajes, vientos. Y un ropero, de acceso restringido con llave, en el &#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 36pt;">D</span>os recámaras había en nuestro modesto departamento, una la ocupaba mi madre.<br />
Lugar de ensoñación, habitado por un tocador donde pululan frascos de cristales<br />
coloridos con esencias de rosas, pachuli, arpegio, que llevan a cerrar los ojos,<br />
aspirando paisajes de valles, lagos, montes, plumajes, vientos. Y un ropero, de acceso<br />
restringido con llave, en el que se encierran pieles de zorro que al tacto desplazado,<br />
parece ser su pelaje el que acaricia las yemas.<br />
La segunda recámara era de mi hermana y mía, con una sola cama amplia<br />
compartida, hasta una venturosa noche en la que mi hermana fue a dormir con mi<br />
madre y se hizo costumbre. El cuarto entonces, me quedaba todo. Al cerrar por la<br />
noche la puerta, encendía el radio muy quedito, sacaba de un escondite la novela<br />
hurtada del librero de mi madre y bajo la luz exigua de una lamparita, escapaba<br />
hacia los universos otros, recién descubiertos. Tenía once años. Me vienen, y no es<br />
casual, dos de mis primeras lecturas nomás de letras, ya sin monitos: ”Cazadores de<br />
microbios” de Paul de Kruiff y “Por siempre Ámbar” de Cathleen Winsor. Aún vibro<br />
al recordarme a las tres de la mañana con el asombro al tope, sin poder despegarme<br />
del libro, del que salían los hedores de los cuerpos apilados en las calles; los<br />
lamentos, ruegos y maldiciones a un Dios inmisericorde; la imagen de un bebé<br />
chupando el pecho de su madre infectada, ya sin fuerzas para impedirlo; el chirriar<br />
de la carreta en la que se bambolean sin pudor piernas, brazos, cabezas, y el grito del<br />
conductor embozado: ¡Saquen sus muertos a las puertas! ¡Saquen a sus muertos!<br />
Era Londres 1665, azotado por la peste bubónica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<figure id="attachment_7139" aria-describedby="caption-attachment-7139" style="width: 409px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" class="wp-image-7139 size-full" src="https://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/Captura-de-pantalla-99-1.png" alt="" width="409" height="603" /><figcaption id="caption-attachment-7139" class="wp-caption-text">Ilustración Alan Varona (Reylangosta)</figcaption></figure>
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		<title>LA LLAVE</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rosamarta Fernández]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 16 Apr 2020 00:18:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Creación literaria]]></category>
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					<description><![CDATA[Sueño que estoy soñando, voy con la pierna derecha desnuda hasta la cintura, en un tren; es el Chepe. Serpentea una vegetación fuerte, viva, de la que no distingo más que las sombras con las que imagino las formas. Es de noche. Emoción expectante de saber que cruzaremos túneles oscuros que me van a revelar &#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-size: 36pt;">S</span>ueño que estoy soñando, voy con la pierna derecha desnuda hasta la cintura, en un<br />
tren; es el Chepe. Serpentea una vegetación fuerte, viva, de la que no distingo más<br />
que las sombras con las que imagino las formas. Es de noche. Emoción expectante de<br />
saber que cruzaremos túneles oscuros que me van a revelar paisajes internos con<br />
luz nueva. Mezcla de deseo con temor de descubrir fealdades, pero estoy presente.<br />
Quiero ver. Sé que lo que venga pasará… ¿Pasará?<br />
Ahora veo hacia dentro. Se me han caído las llaves por el orificio del elevador en que<br />
estoy. Oigo como descienden uno y otro nivel, tintileándo al atravesar el orificio con<br />
borde metálico en cada piso. Sí, tengo miedo. La llave en el fondo negro de ese cubo,<br />
tiene mi cara; ¡Soy yo! Es la única que puede abrir las puertas. Lo sé, pero tengo<br />
miedo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone  wp-image-7041" src="https://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/Copia-de-780-Paul-Delvaux-6-The-Visit-to-Ephesus-1973_zpshhaomfo2.jpg_original.jpg" alt="" width="617" height="411" srcset="https://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/Copia-de-780-Paul-Delvaux-6-The-Visit-to-Ephesus-1973_zpshhaomfo2.jpg_original.jpg 780w, https://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/Copia-de-780-Paul-Delvaux-6-The-Visit-to-Ephesus-1973_zpshhaomfo2.jpg_original-768x512.jpg 768w, https://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/Copia-de-780-Paul-Delvaux-6-The-Visit-to-Ephesus-1973_zpshhaomfo2.jpg_original-310x205.jpg 310w" sizes="(max-width: 617px) 100vw, 617px" /></p>
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		<title>INSTANTE</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rosamarta Fernández]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 15 Feb 2020 01:27:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Creación literaria]]></category>
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					<description><![CDATA[  U  n instante de placer ante los últimos estertores del atardecer que se desangra vertiendo su malva sobre el mar, el despertar incierto de la oscuridad con miles de ojos temblorosos que se abren parpadeando ante su propia luz y una brisa que lengüetea el cuerpo musitando que te abras toda. Pero tú no &#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em><span style="font-size: 18pt;"><span style="font-size: 36pt;">  U  </span>n instante de placer ante los últimos estertores del atardecer que se desangra vertiendo su malva sobre el mar, el despertar incierto de la oscuridad con miles de ojos temblorosos que se abren parpadeando ante su propia luz y una brisa que lengüetea el cuerpo musitando que te abras toda. Pero tú no estás</span></em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-6801" src="https://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/Captura-de-pantalla-271.png" alt="" width="505" height="498" /></p>
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		<title>NINA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rosamarta Fernández]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 15 Dec 2019 00:09:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Creación literaria]]></category>
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					<description><![CDATA[  H  incada a mitad del patio de la escuela, con los brazos en cruz, a la vista de todos, como mal ejemplo, Nina se debatía entre la vergüenza y la rabia. No era la primera vez. Las monjas castigaban así su rebeldía y sus frecuentes peleas a golpes con otras niñas. Casi siempre les &#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 36pt;">  H  </span>incada a mitad del patio de la escuela, con los brazos en cruz, a la vista de todos, como mal ejemplo, Nina se debatía entre la vergüenza y la rabia. No era la primera vez. Las monjas castigaban así su rebeldía y sus frecuentes peleas a golpes con otras niñas. Casi siempre les ganaba. No peleaba a arañazos como las demás. Con una mano las tomaba del cabello, obligándolas a agacharse y les daba con el puño cerrado de la otra en la cara. A saber donde aprendió. Esta vez el castigo obedeció a  que durante la clase de costura, alguien tiró un ligazo. El proyectil, un pedacito de cáscara de naranja, pasó muy cerca de la cabeza de Sor Paz, la maestra, de espaldas al grupo, para ir a estrellarse contra el pizarrón cerca de su cara. Imposibilitada de conocer el origen, Sor Paz exigió que dijeran quién había sido. Tras el consabido silencio, se dirigió directamente a Nina que daba el último punto de cruz a su bordado. Fuiste tú, le dijo. Sin dar tiempo a que respondiera, le dio un manotazo, desprendiendo de su cara los lentes que cayeron al suelo. Nina respondió con otro, en la cara de la monja. Sus lentes fueron a dar al piso, junto a los de Nina.</p>
<p style="text-align: justify;">
El portón de entrada se abrió. Sin pensarlo, Nina rompió su castigo. Corrió hacia a salida. La vieja monja, medio ciega, guardiana de la puerta, no pudo contenerla. Ya en libertad, asegurándose de no ser seguida, se sentó en una banca de la alameda a llorar hasta que se le bajó la rabia. Sin saber hacia dónde, vagó por las calles. Se encontró de pronto frente al edificio majestuoso de hierro que tantas veces había acogido sus idas de pinta y desatado su imaginación, su mórbida curiosidad, sus miedos, sus sonrisas. Conocía bien los vericuetos del Museo del Chopo. Fue directo a la sala del mamut. Abajo estaban sus preferidas: las pulgas vestidas. Se veían a través de una gran lupa con sus vestidos de colores, sus sombreritos, sus trajes de charro. Parecían listas para iniciar un baile. Le sacaron la sonrisa. Se aventuró luego a la zona del miedo. Ahí estaban la momias que parecían, acusatorias, verla desde un lugar lejano. Temerosa, desvió la mirada hacia lo que más le intrigaba, un feto que parecía flotar en un líquido amarillento dentro de un recipiente cerrado. Sin saber porqué, se sintió identificada con ese ser atrapado, suspendido en la nada, sin poder nacer.</p>
<p style="text-align: justify;">
Pronto serían las doce. Regresó a la salida del colegio a esperar a su hermana Amanda, un año mayor, para juntas, regresar a casa. Su mayor fantasía era ser como ella, sentirse la más inteligente, la más bonita, la que todos escuchan y siguen en los juegos, la que saca dieces y es felicitada por los maestros. Así era Amanda. Nina en cambio, siempre sola, comiendo su torta aislada bajo un árbol en los recreos, cuando no pasaba estos castigada en la covacha del terror, una bodega donde había ratas. Las primeras veces, desesperada, golpeaba la puerta, gritando que la sacaran de ahí. Cuando notó que las dos o tres ratas que había, más que agredirla, la temían, acabó por darles mendrugos de su torta y hacerlas sus confidentes. Odiaba la escuela, a las monjas, a las niñas que la rehuían, también la biología, la química, las matemáticas de las que nada entendía.</p>
<p style="text-align: justify;">
Con un nudo en el estómago esperó la llegada de Liza, su madre, temiendo el castigo que vendría. Con ella, su relación basculaba entre la fascinación y el miedo. Le parecía bella, bellísima. Se quedaba arrobada por horas, rosando con los dedos los frascos coloridos de perfumes y maquillaje sobre su tocador. Cerrando los ojos, hundía su nariz a escondidas en las pieles de zorro que emanaban su perfume favorito, el “Arpege”, impregnando todo el ropero, también sus blusas de seda, sus vestidos elegantes, su ropa íntima de encajes. El ropero y su recámara permanecían bajo llave cuando salía a trabajar, pero seguido, mientras se bañaba, quedaban abiertos. Luego la dejaba observarla en su ritual meticuloso de maquillaje. Liza, madre soltera, trabajaba como secretaria de un abogado de políticos y artistas. Tenía un horario de 9 de la mañana a 6 de la tarde, con escaso tiempo para comer, lo que no le permitía hacerlo en casa. Una empleada doméstica atendía a las niñas. Llegaba exhausta, malhumorada. Nunca participó en sus tareas o actividades escolares. Fácilmente se irritaba. Si las niñas hacían demasiado ruido al jugar, peleaban o la despertaban, o la desobedecían, las tundía a cachetadas o usaba el tacón de sus zapatos. Le desesperaba que Nina no llorara o tratara de escapar como Amanda cuando le pegaba. Solo la miraba a los ojos sin moverse. Liza sentía que se burlaba y le daba más duro, sin lograr una lágrima. La verdad es que Nina iba a esconderse luego a llorar en silencio. Por las noches, durante sus oraciones, pedía a la Virgen que se llevara a una de las dos, su madre o ella.</p>
<p style="text-align: justify;">
Para su sorpresa, esta vez, no hubo castigo, Liza solo se lamentó de tener que perder tiempo yendo con ella al día siguiente a la escuela a pedir nuevamente a la directora que la perdonara. Cada vez argumentaba que Nina estaba arrepentida y había prometido no volverlo a hacer. Nina nunca entendió porqué la aceptaban, tampoco como pudo terminar la primaria y luego la secundaria, aunque con seises y sietes, a no ser por la colegiatura que se pagaba. Sus calificaciones siempre eran comparadas por su madre con los nueves y dieces de su hermana, también la buena conducta, llegando a decirle &#8211; ya quisieras ser la mugre de la uña del dedo chiquito de Amanda.- Lo cual repetía con cierta frecuencia cuando Amanda no estaba presente. Y Nina se lo creía. Se sabía tonta, fea, incapaz; una nada comparada con su hermana. Calaba sobre la herida que su madre se lo reafirmara. La rabia y frustración se enconaban. Necesitaba golpearse o golpear a alguien… A quien? Cuando ya no aguantaba, salía a la calle a buscar. A la primera niña que cruzaba, aún mayor, le soltaba un –¿Qué me ves estúpida?- y ante el asombro de la otra, se liaba a golpes. Así recibía y daba.</p>
<p style="text-align: justify;">
Uno de sus pocos placeres, que calmaba la ansiedad, era leer comics. Tenía un trato con el vendedor de revistas. Por cincuenta centavos, podía leer todos los que quisiera los domingos, debiendo para ello ahorrar diez centavos diarios de los veinte que su mamá le daba para gastar. Sentada en la banqueta, se embarcaba con La pequeña Lulú, la familia Burrón, Memín pinguín, La zorra y el cuervo. Evitaba a los Donald. Le angustiaba que los patitos, Hugo, Paco y Luis, no tuvieran mamá. A los doce, se aventuró a leer un libro sin monitos, sustraído a hurtadillas del librero que su madre cerraba con llave. Era enorme, María Antonieta de Stefan Sweig. Se volvió adicta. Fue olvidando los muñequitos. Esperaba ansiosa que llegara la noche para sumergirse en otras realidades, otras historias. Encerrada en su cuarto –su hermana dormía en la recámara de su madre-, leía hasta avanzada la noche, lo que abonaba a su distracción e ineficiencia en la escuela. Sin ningún orden o guía, leyó durante dos años, casi todas las novelas del librero.</p>
<p style="text-align: justify;">
Antes de cumplir los quince, Nina ingresó a la Prepa mixta de la Universidad. Liza tuvo el acierto de inscribirla en un plantel distinto al de Amanda. A las pocas semanas de ingresar, un muchacho lanzó a los pies de Nina un rollito de papel envuelto con un listón y una tarjetita en la que estaba escrito su nombre. Era un poema dedicado a ella. En su salón, ante su asombro, la eligieron como candidata a reina de la simpatía. No daba crédito. Cualquiera de las otras chicas era más bonita. Por primera vez, ya sin el referente de su hermana, estudió buscando el placer de saber más, no solo para pasar un examen. Lo más importante fue su encuentro con la literatura, la lógica, las etimologías greco-latinas, el teatro. No así con las llamadas ciencias exactas, con las que nunca pudo reconciliarse. Con todo, el mayor descubrimiento fue el de su propia inteligencia. Empezó a tener notas más altas que su hermana. Platicando con esta, supo que su madre, en varias ocasiones, cuando Nina no estaba presente, decía a Amanda –Serás muy lista, pero no eres ni la mugre de la uña del dedo meñique de tu hermana-.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-6622" src="https://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/Captura-de-pantalla-174.png" alt="" width="523" height="522" /></p>
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		<title>EL SOMBRERO</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rosamarta Fernández]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 15 Oct 2019 21:40:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Creación literaria]]></category>
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					<description><![CDATA[Por un pasillo del metro Merced, pasa una MUJER. Lleva un vestido hasta el tobillo, anticuado, raído, con flores estampadas. Sobre su cabeza, un sombrero de ala ancha sostiene un bouquet de flores rígidas. Algunos transeúntes la miran curiosos. Ella lo percibe con placer. Camina erguida, con aire desdeñoso. Al entrar al andén, se abre &#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-6535" src="https://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/Captura-de-pantalla-97.png" alt="" width="367" height="474" /></p>
<p>Por un pasillo del metro Merced, pasa una MUJER. Lleva un vestido hasta el tobillo, anticuado, raído, con flores estampadas. Sobre su cabeza, un sombrero de ala ancha sostiene un bouquet de flores rígidas. Algunos transeúntes la miran curiosos. Ella lo percibe con placer. Camina erguida, con aire desdeñoso. Al entrar al andén, se abre paso entre la multitud, deteniendo el sombrero, hasta el borde de entrada al vagón. Escucha risas y una voz femenina tras de sí .</p>
<p>JOVEN ( Punk): Qué ridícula la ruca.</p>
<p>LA MUJER se siente aludida, voltea desafiante hacia atrás. Llega el metro. Al abrirse la puerta, la ola humana la empuja. Sostiene el sombrero con ambas manos. Queda a mitad del vagón aprisionada entre la multitud. Sus pies no tocan el piso. Escucha la misma voz del andén. Gira la cabeza buscando.</p>
<p>JOVEN (a sus espaldas): Oiga, por poco me saca un ojo.</p>
<p>MUJER: No lo creo.</p>
<p>JÓVEN: Qué ¿tengo cara de mentirosa?</p>
<p>MUJER: No sé qué cara tiene, no la alcanzo a ver.</p>
<p>JÓVEN: Ay sí, muy graciosa. Quítese ese sombrero. Es un peligro, además de ridículo.</p>
<p>MUJER: No. Y deje de faltarme al respeto. Yo nada le he hecho.</p>
<p>El metro frena de forma intempestiva. Todos se balancean. Las flores del sombrero rozan la cara de la JÓVEN.</p>
<p>JÓVEN: ¡Pinche ruca! ¡me volviste a arañar con tu puto sombrero!</p>
<p>Con el movimiento del vagón, las dos MUJERES quedan frente a frente. Los pasajeros, divertidos retroceden dejando un espacio entre ambas. La JÓVEN se abalanza hacia la mujer, extendiendo el brazo para arrancarle el sombrero.</p>
<p>JÓVEN: Te lo quitas o…</p>
<p>La MUJER aterrada, se aferra al sombrero.</p>
<p>MUJER : ¡No! ¡No por favor!.</p>
<p>Las dos mujeres forcejean entre risas de los pasajeros. La JÓVEN arranca el sombrero a la MUJER, descubriendo un cráneo calvo con escasos cabellos, propios de efectos de quimioterapia. Se crea un silencio. Lágrimas mudas resbalan por las mejillas de la MUJER.<br />
La JÓVEN, con el sombrero en la mano, intenta colocarlo de nuevo en la cabeza de la otra. Le queda ladeado.</p>
<p>JÓVEN: Perdón doña… No sabía…</p>
<p>El metro se detiene. La puerta se abre. Sin separar la vista de la JÓVEN, la MUJER se arranca el sombrero. Con la mirada en alto, se encamina a la puerta. Los PASAJEROS retroceden dejando espacio. La MUJER desciende del vagón con el sombrero en la mano, abriéndose paso contra la multitud que sube en tropel.</p>
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		<item>
		<title>AMAR O MORIR XII ANDREA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rosamarta Fernández]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 19 Sep 2019 02:04:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Creación literaria]]></category>
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					<description><![CDATA[Cuando entras aquí, te desnudan hasta de tu identidad. Yo trabajaba en familia. Cuando llegas, dejas de ser hija de…, hermana. Se te rompe la vida. Te denigran. Yo estuve arraigada. Me dijeron que estaría como testigo y acabé como indiciada, acusada de secuestro. Me dieron cuarenta años. Llevo doce recluida en Santa Marta Acatitla. &#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-6482" src="https://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/Captura-de-pantalla-177.png" alt="" width="706" height="480" srcset="https://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/Captura-de-pantalla-177.png 706w, https://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/Captura-de-pantalla-177-110x75.png 110w" sizes="(max-width: 706px) 100vw, 706px" /></p>
<p>Cuando entras aquí, te desnudan hasta de tu identidad. Yo trabajaba en familia. Cuando llegas, dejas de ser hija de…, hermana. Se te rompe la vida. Te denigran. Yo estuve arraigada. Me dijeron que estaría como testigo y acabé como indiciada, acusada de secuestro. Me dieron cuarenta años. Llevo doce recluida en Santa Marta Acatitla.<br />
Tenía 1diez años cuando mis papás se divorciaron. Hasta entonces, mi infancia fue contenta. Mi hermana gemela y yo, fuimos muy consentidas por ser las primeras mujeres en la familia de mi padre, luego vino un hermano dos años menor. Mi padre era licenciado en relaciones comerciales. Agente de medicinas. Viajaba mucho. Era posesivo, celoso, controlador, tenía muy limitada a mi mamá, no la dejaba trabajar.<br />
Ella ha sido muy positiva, con mucha luz. Cercana por su juventud, ha sido mi mejor amiga. Se casó a los quince con mi papá de veinticuatro. Su relación era a veces buena, pero él la agredía mucho verbalmente y se fue deteriorando. El divorcio fue forzado por él. Mi mamá estaba enamorada. Un año antes de divorciarse, ella consiguió un trabajo en una editorial. Se compró un coche. Floreció. Tras el divorcio, ella obtuvo la patria potestad. Nos fuimos a vivir con ella a un departamento casi vacío. Él puso todo a nombre de la abuela.<br />
Con el pretexto de buscar un perrito que se había perdido, mi papá nos sube a su camioneta. Nosotras de 10 años, mi hermano de 9, nos lleva a Guadalajara y nos deja con la abuela. MI mamá no nos encontraba. Dos semanas después, nos dijo mi papá,<br />
Su mamá no los quiere, tiene amantes. Ella es mala. Mi mamá llegó con policías a buscarnos. La abuela sacó una pistola y le dijo a mi papá, Deshazte de ella. Él, sin hacer caso, guardó la pistola. Mi mamá entró y dijo, no los voy a obligar, decidan.<br />
Asustados y con la crueldad de los niños por la comodidad, respondimos: Nos quedamos. Durante ocho meses no supimos nada de mi mamá. Una vecina dijo que nos había enviado flores. Fuimos a su casa. Ahí estaba ella. Ahí la veíamos a escondidas. A los catorce años le pedimos a mi papá nos dejara verla. Lo permitió. Ya la vimos más. A los quince, pedí a mi papá salir con un novio. No, si sales no regresas, dijo. Me fui a vivir con mi mamá y mi abuela materna. Al poco tiempo me siguieron mis dos hermanos. Mi mamá no nos dejaba salir mucho. Fuimos a terapia. Nos quejamos. Ella decía, yo no salgo con nadie. Pues sal, le dijimos. Tenía treinta años. Mis amigos se enamoraban de ella. Por primera vez estuvo en un antro. Fue una etapa divertida.<br />
Empezó a salir con amigos, nosotras felices. Tuvo dos novios, luego a mi actual padrastro. Llevan treinta años. Yo fui la celestina. Mi padre ahora lamenta haberse separado de mi mamá. En la escuela, buenas notas. Cursé hasta segundo de preparatoria. Dejé los estudios para trabajar con mi padre.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-6484" src="https://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/Captura-de-pantalla-179.png" alt="" width="706" height="576" /></p>
<p>Mi papá se sacó la lotería. Puso una tienda de patinetas. Luego tres más. Todos trabajábamos en las tiendas. A los veintiún años, me hacía cargo de una tienda en Plaza INN. Estando ahí, me enamoré perdida de Michael, adicto a la coca y al alcohol. Empecé a tomar un gramo de coca diario para trabajar. También probé Éxtasis y fumaba mota. La relación, muy conflictiva, duró un año. Sus padres lo enviaron a un tratamiento a Estados Unidos, no quisieron decirme el lugar. Investigué dónde, pero decidí dejarlo. Él me llamó luego diciendo se quedaría allá. Para darle en la madre, me volví muy reventada. Tenía 22 años. Un año después, en una noche de farra, me embaracé de un amigo distante. Quise tener el bebé. Mi amigo propuso que uniéramos solterías. Me negué. No lo volví a ver. Toda la familia quería el bebé. El parto se adelantó. A las horas de nacida, mi niña murió por choque genético. Gran dolor. Se desencadenaron pérdidas. Mi abuela materna enfermó de cáncer, mi madre por un mal negocio perdió su casa, tuve que sacrificar a mi perrita, fracturada de la columna. Caí en depresión. 15 días en cama, con culpa. Me enganché aún máscon la coca. Quería evadir. Sin responsabilidades, todo era para la fiesta.<br />
A los veintitrés años, pedí a mi papá abrir una tienda en Coapa. La puso a mi nombre. Me asocié con un novio. Sólo le compraba mercancía a mi papá. Facturaba $150,000. 00. Ya no tenía control sobre mi. Un día descubrí que el novio me hacía fraude. Terminé la relación, también la amorosa. Devolví la tienda a mi padre. Me daba una renta mensual. Trabajé en una veterinaria sin sueldo por un año. El contacto con los animales. Me hizo bien. Dejé de consumir. Al año, tuve una recaída con la droga. pesaba 48 kilos. Mi papá me internó en la clínica San Miguel Allende. El tratamiento era de desintoxicación con alimentos jugos, lecturas, escuchar a las vivencias de compañeras. Me empecé a conocer. Valoras lo que tienes. No me volví a sentir sola. Sentía la presencia de mi hija.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-6480" src="https://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/Captura-de-pantalla-180.png" alt="" width="706" height="351" /></p>
<p>Solo había un hombre de dieciocho años en el grupo, Arturo. Nos enredamos. Al salir, desapareció. Cuando regresé a México mi papá me ofreció trabajo y me regaló un Jeta. No acepté el trabajo. Estaba enojada por su relación con una jovencita con la que tuvo un hijo. Vendí el coche y me fui a Cancún.<br />
Arturo me buscó. Se fue a vivir conmigo. Él de diecinueve años, yo de veintiocho. Mi papá nos apoyó, enviándonos mercancía para vender. Vivimos tres años juntos, uno en Cancún, dos en México. De regreso al D.F. me embaracé. Planeamos vivir juntos. El vivía y trabajaba con su mamá. Ella lo instaba a que me dejara. Pidió prueba de ADN. Me negué. Mi embarazo era de alto riesgo por problemas en la matriz. Decidí estar sola. Arturo se ausentaba por meses. Cuando nació la niña, le avisé. Me dijo,<br />
Voy al hospital. No llegó. Luego llamó pedo, feliz de ser papá. Le di un año para que pensara. Al año llamó. No preguntó por su hija. Sentí que le valía madres. No la volvió a ver. Hace un año, supe que había muerto.<br />
A Valentina la registré como madre soltera. La mamá de Arturo ahora la ha buscado. Tenía 32 años cuando nació Valentina. Dejé de trabajar para cuidarla. Vivía en un depa cerca de mi mamá. Ella me ayudaba. No fui mamá todo el tiempo. Mi familia me apoyaba. Empecé a trabajar con mi hermano, en su tienda de patines. Me sentía sola. Tenía treintaitrés años. Reencontré a Ernesto, ya divorciado. Había sido mi novio a los catorce y chambelán a los quince. No me gustaba. Por no estar sola, empecé a andar con él. Me fue conquistando, se ocupaba de mi hija de año y medio. Hicimos el amor. Quería vivir conmigo. Se instaló en mi departamento. No sentía confianza. Me sentí invadida. me pidió llaves de la casa, me negué. Me ofreció un anillo de compromiso, no lo quise, tampoco que pusiera su apellido a mi hija. Duró 3 años.<br />
Mi hermano tenía una pista de patinar. Cielo era su empleada. La despidió. No pregunté porqué. Me caía bien. Vino a cuidar a mi hija. Me presentó un amigo, Arturo, por teléfono. Simpático. Me llama cada semana. Me manda su foto y yo a él. Me dice está en otro país, luego que está en Culiacán, ya pronto vendrá al DF. Mi celular se mojó. Cielo lo mandó a arreglar. Luego supe que sacó información del teléfono.<br />
Tuve un romance con un vecino. Ernesto se enfureció. Desapareció por tres semanas. Cielo dejó de venir. Arturo no me volvió a llamar. Cuando Ernesto aparece, me dice lo tenían secuestrado. Le pidieron 2 millones. Tomó mi teléfono, lo revisó. Me dice ya están las investigaciones. Me dijeron que fue la güera, mi ex quien dio mis datos a los secuestradores. Tu amante Arturo desde la<br />
cárcel y tú, me secuestraron. Él ya habló. Empecé a atar cabos. Confundida, traté de explicarle. Cásate conmigo, me dijo. Vámonos a Argentina. Si no eres para mi, no serás para nadie. Me negué. Con violencia me aventó al piso. Me violó. Se fue llevándose mi celular. Supe entonces que mi hermano había corrido a Cielo por vender narco menudeo. Imaginé el resto con Arturo. En realidad me llamaba desde la cárcel. Orquestaron el secuestro con la información de mi teléfono. Ahí cambió mi vida. Sigo sin entender. A los tres días, tocaron a mi puerta, diciendo que traían un ramo de flores. Eran agentes de la SIEDO. El edificio estaba rodeado de policías. Me llevaron ante el Ministerio Público en la SIEDO. Ya no tuve contacto con nadie. Me enseñaron fotos de gente torturada. Tomaron mis generales. Me dijeron que yo visitaba a alguien en la Peni. Yo solo había tenido contacto con un hombre por teléfono, dije. Ignoraba que estuviera en la cárcel. Me obligaron firmar un escrito sin leerlo, diciendo me iría peor si no lo hacía. Me bajaron a las mazmorras. Me desnudaron, me dieron una cobija puerca. Aventaban la comida por debajo. Oía gritos. Aterrada, me sentía devastada, humillada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-6483" src="https://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/Captura-de-pantalla-178.png" alt="" width="709" height="471" srcset="https://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/Captura-de-pantalla-178.png 709w, https://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/Captura-de-pantalla-178-310x205.png 310w" sizes="(max-width: 709px) 100vw, 709px" /></p>
<p>Me amedrentaron por noventa días, me llevaron arraigada en un hotel en Eje Central. Me pusieron una camiseta roja de secuestro. Nos llamaban por rojo o amarillo cabeza agachada, manos atrás. Ya podía tener visita todos los días, pero no podían llevar comida, solo ropa. Diario me sacaban a “diligencia” para declarar ante el Ministerio Público. La gente con la que me involucraron, venían lesionados, torturados. Uno de ellos declaró que una güera de nombre desconocido, ponía las casas. Supe fue Ernesto quien denunció que yo lo había “puesto”, dando los datos para su secuestro. Creo se vengó, porque le fui infiel con el vecino y no me quise casar.<br />
Me trajeron a Santa Marta. Mi proceso es por secuestro. Me sentenciaron a cuarenta años por secuestro. Llevo doce. No se ha acreditado mi participación. Todas las pruebas salen a mi favor. Solicité la aplicación del protocolo de Estambul sobre tortura. Se dieron cuenta de que el proceso estaba viciado. Regresaron el proceso al juzgado. Tengo tres años sin sentencia. Espero la nueva resolución. Santa Marta me ha servido. Afuera era hija de papi, reventada, aquí no. Te vuelves más sensible y tolerante hacia los demás. Nunca fui una mamá de veinticuatro horas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-6481" src="https://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/Captura-de-pantalla-181.png" alt="" width="343" height="402" /></p>
<p>Ahora ansío darle una relación de calidad a mi hija. Descubres tus limitaciones, tus errores. También tus capacidades. Mi peor defecto ha sido la soberbia. Aquí recuperas cierta humildad. Soy bastante manipuladora. En Santa Marta he estado en sicoterapia individual. Quiero ser una mejor mujer. Estoy terminando mi preparatoria. Ahora pinto, Trabajé en el proyecto de murales que hizo aquí Mujeres en Espiral del PUEG.<br />
Llevé cursos de Técnicas penitenciarias, Valores, Servicio médico, primeros Auxilios,<br />
Prevención de suicidio. Coordino un cineclub semanal. Doy clases de italiano a las compañeras. He llevado talleres de Filosofía, guitarra, Creación literaria, danza contemporánea, Danzón, Arte en pluma, Teatro, Ajedrez, entre otros. Por cada dos días que dedicas a trabajos, cursos y talleres, te pueden disminuir un día de sentencia.</p>
<p style="text-align: justify;">Yo no había tenido relaciones con mujeres, pero la necesidad de pertenecer, de<br />
compañía y el coraje hacia los hombres, porque la mayoría estamos aquí por uno,<br />
nos lleva a aceptarlas o buscarlas. Lucía era catorce años menor. Como yo, había<br />
tenido relaciones con hombres, pero quisimos experimentar y nos enamoramos.<br />
Duró 5 años. Era una complicidad del dolor de estar lejos de los hijos y nos gustaba a<br />
las dos pintar. Tomábamos “Colage”. Cuando salió, no nos vimos más. Dos años<br />
después sentía muchas ganas de enamorarme. El amor provoca cambio en todo.<br />
Pertenecerse, complementarse, te hace sentir con más armonía en ti. Me gusta tener<br />
mi espacio, pero estar en pareja es muy importante.<br />
Una compañera fue a visita conyugal al reclusorio Oriente. Le preguntó a un<br />
compañero de su esposo si quería conocer a una amiga. Él preguntó si estaría yo de<br />
acuerdo en que me enviara una carta. Sí, siempre que no tenga faltas de ortografía,<br />
respondí. Mandó una carta muy correcta. Mi nombre es José Alfredo Jiménez, pero<br />
no canto. Güero, ojos verdes, de 1, 82 metros. Me gustaría iniciar una amistad. Soy<br />
abogado, estoy aquí por fraude. Mi sentencia es de nueve años, escribió. Nos<br />
carteamos de forma clandestina, (está prohibido), por medio de la compañera que<br />
iba a su visita conyugal. Hablamos por teléfono. Yo marcaba a su mamá, él marcaba a<br />
la misma hora y nos entrelazaban. Nos reíamos mucho. Así por dos años. Nos fuimos<br />
conociendo, intimando, enamorando. Él siempre amoroso, detallista. Nunca me<br />
había sentido tan querida, aceptada, protegida. Apareció el deseo, nos escribimos<br />
cartas eróticas. Hacíamos el amor en el papel, imaginando la presencia del otro. Él<br />
siempre cuidadoso, tierno. Yo más abierta, disoluta, sin tabúes. Ardíamos en deseo<br />
de vernos, olernos, tocarnos. Hace tres años, me propuso matrimonio. Acordamos<br />
casarnos sin compromiso. Si el encuentro no funcionaba romperíamos el acta. Sí<br />
funcionó en todos sentidos. Los lunes, a las mujeres nos llevan a visita conyugal,<br />
permanecemos juntos hasta el martes por la tarde que nos regresan a Santa Marta.<br />
Los sábados nos llevan a visita de convivencia familiar. Llevamos dos años de<br />
casados. Sigo muy enamorada. Lloro cuando nos separamos. Los días de ausencia,<br />
seguimos enviándonos cartas. “Hermosa esposa, mi cachorrita, gracias por los<br />
maravillosos días que me das. Los momentos que estás a mi lado, hacen que salga de</p>
<p style="text-align: justify;">mi realidad. Son mágicos… Muero de ganas de verte, tocarte, olerte; meter mi mano<br />
dentro de tu pantalón, quitarte la ropa y hacerte el amor. Tendré que esperar. Unas<br />
horas más y estarás en mis brazos… Te deseo!! Te admiro!! Te respeto!! Te<br />
necesito!! TE AMO!! “ Tu esposo José Alfredo</p>
]]></content:encoded>
					
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		<title>Paseo nocturno iii</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rosamarta Fernández]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 16 Aug 2019 19:31:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Creación literaria]]></category>
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					<description><![CDATA[Homenaje a Rubem Fonseca* &#160; Regresaba tarde del trabajo. Mi mujer había dejado un recado con mi secretaria: -Pasa a recoger el salmón ahumado para la cena de hoy con tus padres al restorán Delicatessen. Te queda de camino-. Me fastidiaba la idea de tener que apresurarme y no poder hacer mi paseo nocturno acostumbrado &#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;">Homenaje a Rubem Fonseca*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Regresaba tarde del trabajo. Mi mujer había dejado un recado con mi secretaria:<br />
-Pasa a recoger el salmón ahumado para la cena de hoy con tus padres al restorán Delicatessen. Te queda de camino-. Me fastidiaba la idea de tener que apresurarme y no poder hacer mi paseo nocturno acostumbrado que tantas satisfacciones me daba. Recogí el salmón. Varias cuadras antes de llegar a casa, una oportunidad inesperada: La vi de espaldas, se alejaba apresurada, tambaleándose sobre los tacones altos de sus zapatos. Apareció al dar la vuelta en la calle oscura que habíamos denunciado varios días antes por no funcionar los arbotantes. No había nadie más. Ella estaba a punto de cruzar hacia la zona iluminada. No lo pensé. Pisé a fondo el acelerador. Sentí lento el torque. En ese instante, recordé que era el coche que mi hija me había prestado por estar el mío en el taller. No tenía la potencia de arranque ni el reforzamiento de los guarda faros de mi BMW, preparado para estas aventuras, pero la distancia era corta, pronto escuché el tronido agradable de los huesos al resquebrajarse. Placer interrumpido. El carro, sin la fuerza necesaria, viró hacia la izquierda, entrando a la zona de luz. Sentí miedo de estrellarme o ser descubierto. Maniobrando, logré controlarlo. La calle seguía vacía. Oí gemidos de dolor. No miré hacia atrás. No había completado mi obra, pero resultaba muy riesgoso intentarlo. Imposible que dure viva, pensé. Mañana recuperaría mi coche y volvería la tranquilidad para hacer las cosas con profesionalismo y limpieza como todas las noches. Con las manos temblorosas, las sienes cercanas a explotar, metí el carro a la cochera. Inhalé hondo varias veces, hasta recuperar cierta neutralidad. Revisé la defensa. En el lado derecho, una hondanada considerable, un rayón, sangre y cabellos adheridos. Mientras la limpiaba, mi mujer se asomó a la puerta del garaje que da a la casa.<br />
&#8211; ¿Qué haces limpiando el coche? ¿Trajiste el salmón?<br />
Asentí titubeante.<br />
&#8211; Ya llegaron todos. Tu hija fue a unas cuadras a entregar una cámara que le había prestado Elisa. Ya se tardó. De necia, se llevó los zapatos que le regalaste. Seguro va a llegar descalza, con los tacones en la mano.</p>
<p>*Rubem Fonseca, autor de Paseo Nocturno I y II</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-6344" src="https://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/Captura-de-pantalla-169.png" alt="" width="484" height="489" /></p>
]]></content:encoded>
					
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		<title>Residencia extraviada</title>
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		<dc:creator><![CDATA[José González Gálvez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 16 Aug 2019 19:22:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Creación literaria]]></category>
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					<description><![CDATA[Enfermo de enfermedad amarga ebrio de bilis de espuma sangre de cólico que enmarca dolor que escose como látigos de hielo en alaridos que nunca callan. Acostado con el cuerpo desnudo expuesto a la fiebre de tu odio. ¿Cómo soñarte si ya no sueño con el resplandor apagado de tu memoria? Te vislumbro lejana emergiendo &#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Enfermo de enfermedad amarga<br />
ebrio de bilis<br />
de espuma sangre<br />
de cólico que enmarca<br />
dolor que escose<br />
como látigos de hielo<br />
en alaridos que nunca callan.<br />
Acostado con el cuerpo desnudo<br />
expuesto a la fiebre de tu odio.<br />
¿Cómo soñarte si ya no sueño<br />
con el resplandor apagado de tu memoria?<br />
Te vislumbro lejana<br />
emergiendo del rencor<br />
como una voluta de comején gastado.<br />
En el rito malsano del adiós<br />
un par de alas<br />
se incrustaron en mi frente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;">Abril de 2009</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-6343" src="https://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/Captura-de-pantalla-168.png" alt="" width="361" height="498" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
					
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			</item>
		<item>
		<title>Porqué escribir?</title>
		<link>https://www.cronopio.mx/creacionliteraria/porque-escribir/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Rosamarta Fernández]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 18 Jun 2019 05:55:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Creación literaria]]></category>
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					<description><![CDATA[Lo primero que acude al pensamiento, es porque me provoca un gran placer. Porque mediante la escritura, vislumbro un posible retorno al equilibrio. Porque entrar en ese espacio cerrado, pero sin límites, es una fiesta de libertad, en la que puedo, desde la duda, rescatar, reconstruir, reordenar, fragmentos de mi historia o de historias ajenas &#8230;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-6310" src="https://www.cronopio.mx/fabricaweb/wp-content/uploads/30-1.png" alt="" width="274" height="414" /></p>
<p>Lo primero que acude al pensamiento, es porque me provoca un gran placer. Porque mediante la escritura, vislumbro un posible retorno al equilibrio.<br />
Porque entrar en ese espacio cerrado, pero sin límites, es una fiesta de libertad, en la que puedo, desde la duda, rescatar, reconstruir, reordenar, fragmentos de mi historia o de historias ajenas que me han marcado; Mentir sin culpa, ni censura, creando en palabras realidades ficticias que se imponen a lo vivido, o bien lo rescatan de la memoria, otorgándole una nueva vida.<br />
Escribir es siempre un juego de espejos; de alguna manera, la materia prima de lo que escribimos, son pedazos de nuestras experiencias, reflejos de nuestras sensaciones, nuestras frustraciones, nuestros deseos, nuestros temores.<br />
En este sentido, escribir es un acto de narcisismo que de manera contradictoria, solo en la medida que se centra en la subjetiva verdad de sí mismo, puede comunicar y compartir con los demás.<br />
Escribo también porque me apasiona la condición humana; sus rincones secretos, su potencial, sus fantasías, sus límites, sus obsesiones. Es la aventura de escudriñar, en los mundos únicos, a la vez tan comunes que somos los humanos.<br />
Más que una necesidad, escribir se asemeja a un vicio. Mientras se satisface, es tan placentero, que se basta así mismo. No necesita ni se interesa por lo demás. Como toda adicción, escribir termina por esclavizar al que seduce, con el total consentimiento de este.</p>
<p>“Quien ha hecho suya esta hermosa y absorbente vocación, no escribe para vivir, vive para escribir.” Mario Vargas Llosa</p>
]]></content:encoded>
					
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