Silvia Molina prepara nueva novela, la historia de un antepasado que formó parte del exilio español en México

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Silvia Molina prepara nueva novela, la historia de un antepasado que formó parte del exilio español en México

Presidenta del Seminario de Cultura Mexicana

La autora, reconocida con el Premio Xavier Villaurrutia y el Sor Juana Inés de la Cruz, narra sus dificultades para aprender a leer y cómo surgió en ella la vocación por escribir

  L  a escritora Silvia Molina  (Ciudad de México, 11 de octubre, 1946) Premio Xavier Villaurrutia, Premio Sor Juana Inés de la Cruz, y Premio Nacional de Literatura Infantil Juan de la Cabada, ya tiene en planes un nuevo libro, “es la historia de un español que estuvo aquí en México, compañero de los españoles refugiados, Rafael Sánchez de Ocaña, que se casó con una hermana de mi madre, que a mí me enseñaba de niña, de memoria, todos los romances, el Romancero español”.

Años después, la escritora, descubrió que aquél tío había sido miembro de la nobleza española, “y un día descubrí quién había sido verdaderamente; este fue un hombre que era conde y renunció, no le interesaba. Estudió filosofía, se fue a estudiar a Alemania y Francia, y ahí conoció  a Miguel de Unamuno, bueno a todos los intelectuales españoles de la época; perteneció al Ateneo de allá, y al Ateneo de aquí, con una beca del Ateneo de El Colegio de México. Un periodista que escribió varios libros y tradujo varios libro, fue un hombre muy interesante”. Con toda la investigación ya reunida sobre el tema, la escritora tiene planeado empezar a escribir este libro.

En tanto, Silvia Molina estrena la reedición de dos publicaciones: Quiero ser la que seré,  del Fondo de Cultura Económica y alude, sin ser una autobiografía, a la gran dificultad que tuvo para leer, siendo disléxica, una historia que cuenta sin usar la palabra dislexia. “Es la historia de una niña que es disléxica pero no lo sabe y no lo saben sus maestras, ni lo saben sus compañeras. Había un premio en España que se llamaba Leer es vivir y en una reunión, una chica que trabajaba en la editorial me dio una convocatoria y me dijo ´Silvia ojalá y tú pudieras participar y le dije- muchas gracias´; entonces dejé la convocatoria y nada más cambiaba de lugar, ya sabes, cuando buscas un papel, entonces la pasaba para otro lado y así. Entonces, una noche que estaba yo trabajando, me encontré la convocatoria y dije pues eso fue lo que me pasó a mí, cuando leí empecé a vivir”.

La otra reedición es Le comieron la lengua los ratones, del sello Cidcli, en la que se relata la historia de una pequeña que pierde las palabras pero después las recupera. “También ese es un libro que parte de mi biografía, como todos los escritores lo hacemos de una manera o de otra, pero es solamente un punto de partida y esta es la historia de una niña que a los seis, siete años todavía no habla muy bien, o no habla. El personaje de la niña del cuento perdió a su mamá… y se va con un tío de vacaciones y por el cariño y por un cambio, en fin, poco a poquito ella va encontrando las palabras dentro de sí”.

La presidenta del Seminario de Cultura Mexicana recuerda sus inicios en las letras y su dificultad para leer, “yo creo que el acercamiento a las letras se lo debo a mi mamá porque ella me contaba muchos cuentos cuando yo era niña, mi abuela y mis tías sonorenses tenían muchas historias de la tradición oral… eso se me fue quedando un poquito. Ahora, yo fui muy mala lectora porque soy disléxica y  en la época en que yo era niña no se conocía la dislexia, entonces los maestros pensaban que eras tonto o que eras distraído, o que no tenías ganas de estudiar o que te portabas mal, te trataban según se les ocurría. Yo sufrí mucho en la primaria porque yo no entendía por qué no podía leer, si en todo lo demás era igual que mis compañeras”.

Silvia Molina relata que fue en la secundaria, apoyada por una profesora, cuando por fin aprendió a leer, “y me enseñó a leer muy bien porque además era la maestra de teatro, entonces me enseñó a hacer el tono de pregunta, de admiración, etcétera… Sí aprendí a leer muy bien y la verdad es que mi vida cambió muchísimo”.

A pesar de estas dificultades, la escritora se acercó cada vez más al mundo de las letras, “ni por aquí me pasó que algún día yo fuera a ser escritora, ni imaginado escribir nada, fue muchísimo tiempo después, yo viví en Europa, en París y en Londres, y entonces de regreso entré a un taller porque me gustaba mucho leer y tenía ganas de escribir y ahí en ese taller escribí mi primera novela. La mañana debe seguir gris.

La primera novela de Silvia Molina ganó el Premio Xavier Villaurrutia, un premio que recibió incrédula, “Horrible, horrible, lo recibí horrible. Me llamó don Francisco Zendejas, que era el que llevaba el Premio Villaurrutia, un periodista muy reconocido y muy querido para decirme que había ganado el Premio Villaurrutia y yo pensé que era una broma. Le hablé a Hugo Hiriart y le dije ´ay Hugo, me hiciste una broma y me dijo, qué broma, entonces ya le platiqué y me dijo ‘no, esas bromas solamente las hace Francisco Zendejas y háblale para ofrecerle una disculpa’”.

Silvia Molina ha sido también editora y promotora cultural, actualmente preside el Seminario de Cultura Mexicana, que acerca, a través de corresponsalías en el interior del país, todo tipo de eventos culturales y científicos,  en el que participan titulares de esta institución que son incluso miembros de academia, “no nos importa si vamos a una aula, o si vamos a un parque, o si vamos a un museo donde la corresponsalía nos recibe realmente y despertamos el interés y llevamos la cultura”.

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