Terrorismo y medios de comunicación, el desafío digital

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Foto sacada de Internet

 

Foro en la FES Acatlán.

El pasado 10 de octubre, el Estado Islámico (ISIS o Al Daresh) confirmó la muerte del jeque Abu Muhamed Al Fayan, considerado como el “emir de la oficina de información central”. Es decir, el responsable de dirigir los videos de las ejecuciones de este grupo terrorista.

El Estado Islámico tardó tres días en admitir la información que difundió el Pentágono cuando bombardeó la ciudad de Al Raqqa, su bastión en Siria. Según el Pentágono, Al Fayan era considerado “uno de los líderes de más alto rango” de ISIS y “productor de videos de propaganda en los que se mostraban torturas y ejecuciones”.

Al Fayan dirigía la división de “información central” desde un edificio de dos pisos en Al Raqqa. Su labor era tan importante que los milicianos reclutados por ISIS para esta labor recibían un entrenamiento en manejo de medios y redes sociales durante 1 mes. Ellos reciben 700 dólares al mes, mucho más que los 100 dólares mensuales de los milicianos normales.

Sus “armas” son equipo de videograbación importado de Turquía, cámaras de foto Cannon y smarthpone Samsung Galaxy. En otras palabras, formaban a productores multimedia, según los testimonios de algunos integrantes de ISIS detenidos en Marruecos.

La oficina funcionaba como una productora de contenidos con corresponsales, de acuerdo con estos mismos testimonios difundidos en The Washington Post. Eran enviados a Siria e Irak para filmar decapitaciones, ejecuciones, fusilamientos, ataques masivos o mensajes de venganza. Las grababan en un disco duro y las envían a alguna de las 36 oficinas que ISIS tiene para compilar, editar videos y subirlos al internet.

El desmantelamiento de esta oficina ayudó a acercarse un poco más al nuevo salto cualitativo que la propaganda y los medios de comunicación representan para ISIS.
Cuatro Ejes

Este grupo de terrorismo fundamentalista sigue los cuatro ejes básicos de la relación entre el terrorismo y los medios de comunicación:
a) El terrorismo es un acto fundamentalmente de propaganda. No se trata de actos criminales cualquiera. Requieren de publicitarse y difundirse para sus fines específicos. Son actos con “firmas de autor”.

b) Los crímenes terroristas se vuelven un continuo performance que tratan de impactar en la sociedad del espectáculo. A mayor crueldad, mayor rating. Y a mayor “naturalidad”, mayor éxito en las video redes a través del streaming.

c) La propaganda de sus actos no sólo busca “crear conciencia” como en los viejos grupos nacionalistas, separatistas o anarquistas sino también generar miedo expansivo. Su objetivo fundamental es generar una percepción acrecentada del riesgo global. Y, para ello, utilizan los mecanismos más sofisticados y el potencial que genera la dinámica de globalización de las aldeas más aisladas.

d) En el caso de ISIS, como antes lo fue en el caso del narcoterrorismo aplicado por Pablo Escobar en Medellín, el cártel de los Zetas en México o Al Qaeda y sus múltiples células alrededor del mundo, aplican la máxima de Wilkinson: “cuanto más horribles sean los crímenes, mayores serán los titulares”.

Bien señalaba el viejo teórico canadiense de los medios de comunicación contemporánea, Marshal McLuhan, “sin comunicación no hay terrorismo”, por tanto, las áreas destinadas a la propaganda de los actos terroristas se convierten en piezas fundamentales de la guerra que libran.

Nueva Era Mediático-Terrorista

Prácticamente existe un consenso global para ubicar los ataques sincronizados del 11 de Septiembre de 2011 en el territorio norteamericano como el inicio de una nueva era del terrorismo encabezada por Al Qaeda y su cerebro Osama Bin Laden.

Los ataques a las Torres Gemelas, al Pentágono y la escalada de terror de ese momento tuvo características nunca antes vistas en la relación entre terrorismo y medios:

1.-Los ataques fueron difundidos simultáneamente a su ejecución. Las cadenas televisivas internacionales, especialmente CNN, inauguraron el nuevo ataque terrorista en vivo, con una gran dosis de alarmismo, espectacularidad e intoxicación mediática. Recuerdo que tan sólo ese día, las imágenes de los aviones estrellándose sobre las Torres Gemelas fueron replicadas más de 900 veces en las cadenas televisivas internacionales. Eso, sin contar las repeticiones de los días posteriores.

Al Qaeda logró lo que ningún grupo terrorista anterior había conseguido: una resonancia múltiple, perpetua e intimidante de su performance criminal. Al Qaeda se transformó en el nuevo “eje del mal” que necesitaba la potencia norteamericana y el gobierno de George W. Bush tras el derrumbe del imperio soviético y el fin de la guerra fría.
Por este performance de ataque Estados Unidos se emprendió en dos invasiones: la de Afganistán e Irak que generó nuevos desafíos geopolíticos.

2.-El 11-S inauguró también la era de la cobertura convergente. Es decir, se divulgó no sólo en la pantalla de la televisión abierta, sino en las nuevas plataformas de internet que desde 2005 se convirtieron en interactivas. Es decir, anticipó la llegada de la web 2.0 y de las redes sociales contemporáneas.

Este impacto convergente alentó a muchísimos otros grupos a imitar el impacto de Al Qaeda, al grado de convertirse en una especie de “marca” o “firma” que creó su propia escuela. ISIS es heredero directo de este fenómeno.

3.-Buscó la máxima vulnerabilidad de la potencia norteamericana con la máxima visibilidad. Ningún grupo terrorista había logrado este efecto con tal eficacia. Por esta misma razón, revivió la discusión sobre el espectáculo de la destrucción que prácticamente deshumanizó las consecuencias de sus actos.

Sólo mucho después de los atentados del 11-S los mass media se preguntaron por la historia de las víctimas, de los seres humanos que murieron en el derrumbe de ese símbolo del imperio neoyorquino. Por paradójico que pareciera, se habló mucho más de los edificios-símbolo, las Torres Gemelas, que de las personas concretas que murieron en este evento.

Al Qaeda les enseñó el camino no sólo a los grupos del fundamentalismo islámico sino también a los cárteles de la droga que, en México, lograron un performance de terror nunca antes visto, como han sido los “colgados” de los Zetas más sus videos de crueldad máxima, las cabezas arrojadas en un palenque en Michoacán para anunciar la llegada de La Familia Michoacana y sus sucedáneos (Los Caballeros Templarios) , los 35 cuerpos abandonados en Boca del Río, Veracruz el mismo día que se reunían los procuradores de todos los estados para estrenar al Cartel Jalisco Nueva Generación.

Los Telemontajes Terroristas
La estética de la crueldad y del terror de los narco cárteles mexicanos fue retomada por ISIS con un grado mayor de eficacia y de crueldad, si podemos hablar de escalas.
Mayor eficacia porque vincularon las decapitaciones y ejecuciones a un ritual presuntamente religioso que le da un sentido a su existencia y al Califato que pretenden revivir.

Es una mezcla de Neomedievo discursivo con Posmodernización mediática. Es decir, mezclar la idea de los infieles que “merecen morir” por el simple hecho de no profesar la misma versión fundamentalista de su creencia con la utilización líquida de los multimedia. ¿Por qué líquida? Porque su objetivo no es permanecer en el imaginario colectivo a partir de un hecho contundente (como los atentados de Al Qaeda) sino por la sucesión de muchos actos videograbados de venganza.

La relación entre medios y terrorismo está dominada también por las características de nuestro actual ecosistema digital:

1.-De la neo-televisión de los noventa, el terrorismo en sus distintas variables (narco-terrorismo, terrorismo fundamentalista, terrorismo nacionalista, etc) aprendió la mezcla entre ficción y realidad. Producen sus propios realitys. Lo verídico y verificable se borra en función de la espectacularidad y del alto impacto. En muchos casos, se trata de montajes. En otros, de actos de una violencia simbólica que genera su propia escala de resentimiento y lenguaje de odio.

2.-De las nuevas expresiones políticas, el terrorismo difunde un lenguaje de odio extremo: los otros no son seres humanos sino objetivos de la violencia. No existe el ser humano sino la causa suprema que sólo se define en función de eliminar cualquier diálogo secular.

No en balde, el neoterrorismo tiene como peligroso acompañamiento el surgimiento de opciones de corte neofascista como es el caso más destacado de Donald Trump. El candidato republicano armó una estrategia de ascenso político a partir del terrorismo verbal contra todos aquellos que él deshumanizó para convertirlos en parias, criminales, objetos y no sujetos: mexicanos, afroamericanos, musulmanes, mujeres, chinos, etc.

El lenguaje de odio y el insulto generan estridencia y sobrerreacción mediática. Voluntariamente o no, los medios digitales y analógicos, así como los impresos, se transforman en cajas de resonancia de sus mensajes intimidatorios.

3.-En la nueva era digital, el terrorismo también se vale del lado oscuro de las redes sociales: el anonimato, las cuentas falsas, los bots, los mensajes falsos, el robo de identidades, la violación a la privacidad y el bloqueo de “enemigos”.

Su discurso no es a favor de la neutralidad de la red ni de un internet libre sino de redes cibernéticas subordinadas a su programa político y de propaganda. Acaban siendo aliados voluntarios o involuntarios de los mismos gobiernos y corporaciones que buscan limitar el flujo de información en la red.

¿Qué debemos hacer los periodistas y los medios?

Los medios fundamentalmente tienen estas funciones ante la opinión pública:
a) Labor de vigilancia o de “perro guardián” desde la esfera del debate público. Esta labor se ejerce con ponderación, contextualización e investigación. Reproducir el espectáculo de la violencia terrorista es hacerle el favor a sus promotores.

b) Información. La información siempre es necesaria, sobre todo, la que da instrumentos de análisis a las audiencias para formar su propio criterio. No informar es tan negativo como excederse en la propagación de la propaganda terrorista.

c) Socialización. Aquí es donde estamos en deuda los medios y los periodistas con las audiencias. En lugar de socializar el discurso de la tolerancia y la diversidad, de la racionalidad y el secularismo, reproducimos y socializamos el discurso de odio que alienta tanto los actos terroristas como el lenguaje que lo encubre.

d) Entretenimiento. Los medios han hallado en el terrorismo inspiración para numerosas series, películas, documentales, no exentos de ficción o invención. El entretenimiento no es sólo una industria para generar rating o audiencia. Puede ser la llave secreta y necesaria para modificar el ecosistema favorable al terrorismo.

e) Publicidad y propaganda. Los medios difunden y “venden” también modelos de vida, fórmulas de consumo y de creencias. Es necesario contraponernos a la propaganda que generaliza, sobre todo, cuando criminaliza a todos los musulmanes, a todos los árabes y a todos aquellos que están fuera de la “normalidad” occidental.

De una u otra manera, la mejor arma para combatir el lenguaje terrorista es abandonar la idea del Choque de Civilizaciones, promovida por Samuel Hungtinton y otros teóricos de la hegemonía norteamericana para privilegiar el Abrazo de las Civilizaciones.

Acerca de Jenaro Villamil

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