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Miguel León-Portilla

Su legado es imprescindible para comprender
nuestras raíces milenarias

 

Con su Visión de los vencidos cambió la mirada de muchas generaciones y dio voz a los silenciados

Obtuvo 25 doctorados Honoris Causa otorgados por universidades de México, Estados Unidos y América Latina

 

  M  ás de 60 años de impecable labor académica, pero toda una vida de pasión por la historia indígena de México y América Latina dan fe de la sensible partida del Maestro Miguel León-Portilla, quien hizo de la palabra escrita y hablada una vía de enseñanza para construir una visión distinta de lo que significa, para todos nosotros, ser mexicanos.

Miguel León-Portilla escribió las páginas más claras, precisas y transparentes, puestas al servicio de la divulgación de la cultura de nuestras raíces. Desde sus inicios en su labor como investigador, inspirada principalmente por el padre e historiador Ángel María Garibay, reconstruyó la cosmovisión del mundo indígena que durante años y años fue desdeñada por quienes no supieron o quisieron entenderla.

No hay una línea, un párrafo ni un capítulo en cada uno de sus libros, que no cumpla con la misión de exaltar las verdades que quedaron relegadas en códices, en los relatos orales y, sobre todo, en las múltiples lenguas originarias que el maestro se empeñó en rescatar, porque sabía que son la voz propia de esta nación.
Maestro en Artes por la Universidad de Loyola, en Los Ángeles, California, doctor en Filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México y por otras 25 universidades internacionales, León-Portilla supo tejer con una fibra humanista todo su legado que actualmente ha sido traducido a más de 20 idiomas.

Lo hizo, siempre, con una prosa limpia y suave, una sonrisa en los labios, un timbre de voz jovial y un ademán cálido que nos dejó sus siempre vigentes y tan necesarios libros, como La filosofía náhuatl (traducida al inglés, italiano y alemán), Los antiguos mexicanos y Nuestros poetas aztecas, entre tantos más.
Su legado es imprescindible para comprender que nuestro origen es milenario y diverso, que el mundo indígena nunca tuvo un final, al contrario, el maestro supo entender que cada generación de mexicanos no es más que una parte del tiempo cumpliendo su tonalli, es decir, su destino.

León-Portilla, como poeta y divulgador, pero particularmente como ser humano, adoptó el camino de los antiguos sabios mexicas, los tlamatinimeh, quienes vivían intentando asimilar la sabiduría del mundo que los rodeaba.

Este camino de estudio lo llevó a ser docente durante más de 50 años en la Facultad de Filosofía y Letras y en el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM hasta llegar a la dirección; también fue director del Instituto Nacional Indigenista Interamericano y, en 1975, fue nombrado cronista de la Ciudad de México.
Luego de escribir Visión de los vencidos, una obra que cambió la mirada de muchas generaciones, dando voz a los silenciados, se adentró en la memoria de las culturas mayas e incas buscando las historias comunes, con la aventura náhuatl en su obra El reverso de la conquista.

Su obra comprende más de 150 artículos periodísticos y más de 40 libros, entre cuyos títulos se encuentran Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares, Literaturas indígenas de México, La tinta negra y roja, Huehuehtlahtolli: testimonios de la antigua palabra y Primeras gramáticas del Nuevo Mundo.
Obtuvo también 25 doctorados Honoris Causa otorgados por universidades de México, Estados Unidos y América Latina, y diversos galardones y condecoraciones de México, Perú, Bolivia, Cuba, Estados Unidos, España, Italia, Francia, Polonia e Israel.

Es apabullante la lista de reconocimientos en México y en otros países y premios que le fueron otorgados al maestro en vida, como los premios Nacional de Ciencias y Artes, e Internacional Alfonso Reyes, la Medalla Benito Juárez por la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, el Premio Serra Award de la American Franciscan Academy of History, la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X El Sabio del gobierno de España, y otros tantos que demuestran que la inacabable tarea del maestro trascendió nuestras fronteras.

Hoy por hoy, es necesario no olvidar que León-Portilla escribió para los mexicanos. Que León-Portilla escribió para recordarnos de dónde provenimos. Y, especialmente, que León-Portilla escribió para que nos enorgulleciéramos de lo que somos, desde esas raíces que compartimos y que son parte de la historia indígena.

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