Un taco de ojo

Exposición del artista Vicente Guzmán Ríos

El artista presenta 32 obras que plasman trayectos del entorno cotidiano y proponen que las miradas visitantes se den Un taco de ojo con su obra

Dijo estar dispuesto a dar un taller en Casa de la Cultura a niños y adolescentes que toman clases de pintura en ese recinto

Si como dice Blake, es posible ver el mundo en un grano de arena y la eternidad en una hora, la invitación aquí es a saborear lentamente el taco [de ojo]

 

  L  a coloquial frase Un taco de ojo que sirvió como pretexto para titular la muestra de 32 obras de efectos deleitosos, que presenta el acuarelista Vicente Guzmán Ríos hasta el próximo 5 de enero de 2020 en la galería de la Casa de la Cultura de Tlalpan, tiene una valiosa potencia connotativa de remover la capacidad sinestésica de vincular imágenes mentales sensoriales, que “refuerza mis afanes por resaltar como compañera cotidiana a la experiencia estética, artífice de la participación de los sentidos, al servicio de la sensibilidad”, expresó el artista.

En la muestra que fue inaugurada el pasado fin de semana, el artista hace énfasis en que este dicho popular privilegia a la vista y al gusto al mismo tiempo para expresar que las imágenes aquí expuestas plasman trayectos del entorno cotidiano y proponen que las miradas visitantes se den Un taco de ojo con su obra, como metáfora que remite a saborear presencias acuareladas y conferirles atributos si fuera el caso.

El también arquitecto, profesor, especialista en Espacio público, Vivienda y Paisaje Cultural, con 52 años de experiencia, Vicente Guzmán Ríos, dijo estar dispuesto a dar un taller a niños y adolescentes que toman clases de pintura en la Casa de la Cultura de Tlalpan, durante la exhibición de su obra en dicha galería, para enseñarles algunas técnicas que pueden aprovechar en sus trabajos.

El artista vive en esta Tlalpan desde hace más de 40 años, es un amante de plasmar el paisaje urbano de la demarcación y de otros lugares. Ha participado en varias publicaciones con escritos ilustrados por sus propios trabajos sobre las edificaciones de más tradición en la ahora Alcaldía.

Entre otras publicaciones, ha colaborado con Atributos y significados en torno a una plaza en el barrio mágico de San Agustín de las Cuevas, publicado en el anuario de espacios urbanos 2017; Pequeviajantes también de San Agustín de las Cuevas, publicado por la entonces Delegación Tlalpan en el 2015; el artículo que se llama Perfección y apropiación socio espacial infantil de la ciudad. El espacio recordado de la plaza pública, publicado en el anuario de espacios urbanos de 2013; Voces, colores y formas tlalpenses editado en 2011.

Vicente Guzmán Ríos precisó que el mensaje que quiere dejar en las personas que le echen Un taco de ojo a su exposición es “contagiarles el cariño que el espacio ha despertado en mí y en mi familia desde que lo habitamos”, asegurando que “hay muchas razones para que los tlalpenses oriundos se sientan orgullosos de la tierra que los vio nacer”.

Desde hace décadas, mis hábitos librescos han sido moldeados por la grata compañía del trabajo académico en el que he hecho énfasis en la irrenunciable construcción de un puente vinculatorio entre el arte y las ciencias. Desde ese lugar he de decir que al conjunto pictórico lo guían varias orientaciones conceptuales como: la deriva situacionista de Guy Debord que invita a ejercer la libertad y el desinteresado desplazamiento por los senderos urbanos. La recuperación que hace Benjamín de Baudelaire y el vagabundeo del flâneur.

Así como: el sugerente detalle del “puntillismo filológico” de George Perec. La reivindicación de la estética desde la forma de Maffesoli. La transcendencia de “la mano que piensa” y la vivencia de los ámbitos urbano-arquitectónicos acentuadas por Pallasmaa. Y, sobre todo, la revaloración del espacio que hoy en día pareciera ser desplazado por la prisa a favor de lo efímero y la liquidez, acerca de la que Zigmunt Bauman invita a reflexionar.

Si como dice Blake, es posible ver el mundo en un grano de arena y la eternidad en una hora, la invitación aquí es a saborear lentamente el taco [de ojo] aderezado con salsa de acuarelas, condimentado con algunas gotas de sombrillas o un cazo de carnitas, adobado con recintos urbanos tlalpenses y de otros sitios. El toque final corre a cargo de la mirada observadora si es que al comerlo logró detonar el recuerdo y la construcción mental de imágenes barriales vividas.

Después de ese taco de ojo, el postre que propongo es una buena dosis de romanticismo flameado con un par de propósitos rebozados:

1. Que contribuyamos al florecimiento esperanzador de que nuestra naturaleza gregaria puede ser satisfecha todavía a través del encuentro cara a cara en el espacio público.
2. Que volteemos la mirada y degustemos el entorno cotidiano “viviendo el uno con y para el otro”, recordando palabras de Bauman al recibir el Premio Cervantes, finalizó.

 

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