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Bitácora (o cómo hay que incendiar las naves)

Siempre traigo conmigo las cartas necesarias:

la de renuncia, la del adiós amoroso, la del suicidio.

Siempre precavida,

dejar texto sin ningún pretexto,

algo de escenografía,

de música para el evento trágico

que siempre está por llegar

Preparo el discurso final, el acta entrega, el testamento.

Todo listo para una salida triunfal y elegante.

No soy fatalista.

Sólo es que amo la vida y sé que ningún segundo

le debe nada al que sigue.

Sólo es que aprendí de la sangre y las cicatrices

Me despido antes que me despidan.

Cierro antes del hastío, del aburrimiento.

Me arrojo desde un parasubidas,

a ese, dónde viviré el resto de mis días:

mi púrpura corazón.

 

Acerca de Carmen Saavedra

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