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La consolidación de la identidad a partir del trabajo

“La identidad es una búsqueda siempre abierta e incluso la obsesiva defensa de los orígenes puede ser en ocasiones una esclavitud tan regresiva como, en otras circunstancias, cómplice rendición al desarraigo.”

Claudio Magris

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Hulda Guzmán Retrato, 2016 Machete

La identidad como una forma de acción del individuo sobre sí mismo implica, además de reflexión, de un proceso de identificación, una acción sobre el mundo social y el mundo de vida. Esto significa una interacción continua de tres circunstancias lo social, lo subjetivo y lo simbólico.

Lo social, como parte del mundo de vida, está determinado por las estructuras económicas y sociales las cuales instituyen jerarquías, reglas, orientaciones, formas de actuar, entre otras. En este ámbito, el trabajo, como actividad económica y social, provee al individuo de un marco que regula sus acciones, es decir para vivir hay que trabajar, y para trabajar hay que atender a diferentes estructuras normativas, estableciéndose con esto relaciones de poder y dominación, lo que implica conformación colectividades. Ello implicar poner en práctica conocimientos y habilidades que habrán de concretarse en el trabajo.

El trabajo organiza el tiempo de vida del individuo y estructura el tiempo en un corto plazo al determinar la jornada laboral y en función de éste el tiempo de descanso. En un mediano plazo, hay una división temporal entre el periodo de trabajo y el vacacional, de empleo y desempleo. En nuestra vida, el trabajo se erige como episodio trascendente en el transcurso de la vida, es decir este termina siendo el que determina el andar personal de manera indeleble así como lo determinado por la edad de trabajar o no. Además funge como elemento esencial del proyecto individual. Así pues, el trabajo se conforma como una parte sumamente importante de lo social dado que en él se encuentra el significado objetivo del trabajo y a través de él se conforman los vínculos con otros entes sociales igualmente complejos.

La parte subjetiva de la vida se entiende como el espacio donde se dan las interpretaciones que el individuo realiza en la circunstancia en el que se desarrolla y que comparte con otros sujetos. Esto da paso a la apertura de un diálogo permanente entre mis creencias, deseos, emociones, valoraciones morales, cognitivas, estados de ánimo y el mundo que me rodea; conformando y destruyendo constantemente la construcción y reconstrucción. Propiamente el trabajo, como parte de la subjetividad es vivida en las actividades realizadas y surgen permanentemente  estados de insatisfacción, de tristeza y hasta de depresión, de neurosis, hasta los estados de realización de sí mismo, de satisfacción, de expansión del ánimo y en los casos extremos de alegría. En la parte laboral, nuestras interpretaciones que por naturaleza son subjetivas muchas veces  atentan contra nosotros mismos como la idea de “mientras tenga trabajo”, hace que el trabajador puede aceptar humillaciones o injusticias dadas por sus necesidades económicas con la esperanza de encontrar un mejor trabajo en el futuro, pero en tanto lo encuentra tendrá que aguantarse. El cambio de actividad productiva modifica las visiones subjetivas.

Lo simbólico son marcos de referencia universal, es decir, un cuerpo de tradición que integra un gran número de definiciones de la realidad y presenta el orden institucional del individuo como realidad simbólica. En este sentido el trabajo es, además de ser parte del mundo social y el mundo subjetivo, un universo simbólico en tanto a la serie de valoraciones culturales que se le han atribuido. Si bien el trabajo, como universo simbólico, ha estado en constante transformación según la época, en la actualidad se le sigue considerando como símbolo de lo correcto, de lo bueno, lo productivo. Ello conlleva un gran peso subjetivo para el individuo ya que la sociedad le demanda trabajar no sólo para incorporarse a la actividad económica, sino porque, además, para ser un hombre de bien, hay que trabajar. Por otra parte, en el trabajo se ponen en práctica una serie de valoraciones tales como la responsabilidad, la ética, la lealtad y la inteligencia entre otros. Así el trabajo desempeñado otorga diversas atribuciones al individuo que sin duda son elementales en la construcción de su identidad, ser muy trabajador, flojo, listo, torpe, etc. Por último, en el trabajo se incorporan otro tipo de atribuciones que tiene que ver con las interacciones entre individuos, ser buen compañero, condescendiente, ventajoso o lambiscón. De esta manera es fundamental para la construcción tanto de la identidad individual.

En esta compleja revisión de la construcción identitaria, el concepto de trabajo se manifiesta en todas sus dimensiones objetivas y subjetivas mostrando su amplio espectro de significados en el devenir continuo y cotidiano del sujeto. Así, las distintas significaciones del trabajo podrían ser analizadas desde las percepciones del sujeto mismo y no sólo desde la formulación teórica. Mi idea acerca del trabajo y su importancia en nuestra vida varía día con día en función de mis experiencias, expectativas y de la imagen que construyó en mí andar. Por esto creo que la riqueza del trabajo debe de ser construida desde cada quien, y de cada quien fluye un inagotable caudal de significados que dan cuenta del impacto de las transformaciones y sus estrategias para afrontarlo.

Acerca de Luis Enrique González Castro

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