Pilar

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Daniela Edburg. Melancholy, 2015. Galeria Enrique Guerrero Preview de ZsONA MACO

Descender de una familia de artistas, es una maldición. Se puede sobrellevar, sí, sin duda; eso ha intentado Pilar, con medianos resultados. Cuando se licenció en Filología, los padres de Pilar esperaron verse por fin reflejados en los logros de su hija, dieron por sentada la continuidad de la importante herencia artística y cultural de la familia. No obstante, como había sucedido durante su infancia, adolescencia y adultez temprana, nada pasaba. Después de dos años más —con un poco de ayuda paterna, en la forma de una llamada telefónica “amistosa”—, Pilar fungía ya como editora de la poderosa empresa editorial Dulce Porvenir y, en cuestión de semanas, por sus manos pasaban incontables escritos de ficción y no ficción —previamente revisados, analizados y sintetizados (en 250 palabras o menos)—, en espera de su veredicto: se publica, requiere cambios, se rechaza.

Sin embargo, esa clase de poder no satisfacía a Pilar. En solitarias madrugadas, intentaba vencer a la “maldita” hoja en blanco, su némesis. Por lo general, amanecía observando a través de las inmensas ventanas de su loft el parque Rubén Darío, mientras bebía una tasa de aromático café —de una marca suiza que comercializa café instantáneo encapsulado, que sus consumidores creen “es exquisito”—, lamentando un intento fallido más. Y quizá sus ideas poseían ciertos atractivos en cuanto a las tramas, los personajes, los desarrollos y las líneas, pero, justo en el momento de intentar  convertir esas ideas en acción escrita, las palabras abandonaban a Pilar, dejándola seca.

Cierto es que todo ciclo tiene un inicio y un final; nada es eterno y, una mañana cualquiera puede convertirse en una mañana como ninguna otra, puede convertirse en la mañana en la cual todo cambió. Cuando llegó esa mañana, sobre su escritorio, Pilar notó un sobre de color azul, el cual contenía hojas mecanografiadas —de lo más vintage— sin señales de haber sido revisado, analizado y sintetizado. Molesta en demasía, llamó a Fabián, su asistente, líder responsable del equipo de revisores-lectores de los escritos que llegan a la editorial Dulce Porvenir. Con sometida fuerza, lo inquirió sobre el contenido del sobre azul, blandiendo las hojas de izquierda a derecha. Pasados 13 minutos, de acuerdo a lo indicado por el cronómetro de Pilar, Fabián reapareció y con voz medianamente quebrada,  señaló que nadie del equipo —él incluido—, había tenido contacto con ese sobre azul, pero que ya estaba anexado a la programación del trabajo de la semana para su análisis. <<¡Tráeme de vuelta el maldito sobre, yo lo revisaré, no quiero que esta anormal situación se convierta en pretexto o argumentación para no cumplir la metas del trabajo de esta semana!>>, gritó Pilar.

Acompañada de té negro y los dos conciertos para piano y orquesta de Brahms, Pilar, rió, lloró y tembló. El sobre azul contenía 13 cuentos, todos protagonizados por una mujer como personaje principal. Todos, de excelente manufactura. Sintió envidia, pero se sobrepuso y quiso conocer todo sobre el autor o autora, pero justo en ese momento fue evidente que ni los cuentos, ni el sobre azul venían firmados, como tampoco se anexaba un sobre, hoja o tarjeta en donde se manifestaran los datos de identificación de quien los había escrito. Un pensamiento cruzó la mente de Pilar, un pensamiento que de forma inmediata le causó vergüenza. Ya muy tarde, quizá a las 11 de la noche, salió de su oficina. En su auto, miró los mensajes sin leer, acumulados en su teléfono móvil: decenas; abrió la charla con Luca, quien le rogaba verla. Al despertar la mañana siguiente, Pilar extrañó de inmediato su café, su ventana y el parque, por lo que se vistió y se fue. Luca seguía dormido.

Los días pasaron, después las semanas, después los meses. Llegó la cena de año nuevo, el evento más importante para toda la familia de Pilar. Narradores, escultores, poetas, actores, escenógrafos, directores, psicólogos. Todos congregados, un triunfo de la humanidad. Quince minutos antes de la cena, Pilar pidió la atención de todos para hacer un anuncio, el cual acompañó mostrando en su mano derecha su primera obra literaria, en pasta dura, con camisa de lujo: 13 Mujeres.

<<Su estilo, fresco y ágil, hace sencillo enfrentar estas historias de profunda belleza…>>. <<Por fin, ha surgido una voz eterna…>>. <<Una celebración a las letras y al arte todo…>>. La crítica se rindió ante la primera publicación de Pilar. El público, reaccionó de forma similar: un éxito de ventas.

 Ante su ventana, mirando el parque mientras toma café, Pilar recuerda con una sonrisa a Fabián, preguntándole sobre el contenido del sobre azul, a lo cual ella le contestó: <<era una novelita, una marranada… lo tiré>>.

Ciudad de México, junio de 2016.

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