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Un arte nuevo ???

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Gordan Shark

Danza y Video; dos lenguajes, dos códigos de comunicación que comparten un rasgo sustancial que los define: el movimiento. Ambos se conciben como imágenes en movimiento en un espacio, ocurriendo a través del tiempo.

Al encontrarse, hace relativamente poco, se reconocieron como el uno para el otro. Iniciaron amoríos. La danza perdió la pureza de lo efímero, de lo irrepetible, lo irrecuperable. Al inicio, la danza tomó al video como un simple medio de preservar sus creaciones y posibilitar su reproducción, la memoria, la documentación. También lo usó desde entonces como una herramienta de anotación precisa. El video, tímido servidor al inicio, fue penetrando en la intimidad de la danza,descubriendo en ella sutilezas, detalles, giros, ángulos reveladores, maravillosos, que ningún espectador podía ver desde su butaca.

Cuando la danza se vio en ese ojo, quiso bailar para él, sin ocuparse de espacios escénicos o isopticas teatrales. Esos amores engendraron un nuevo arte con esencia y expresividad propias: La Video Danza. Se trata de crear no una reproducción de la danza, sino una nueva escritura, un nuevo lenguaje, una nueva forma de expresión que partiendo siempre del cuerpo humano en movimiento, produce en el espectador nuevas sensaciones, nuevos placeres, nuevos estímulos a la imaginación.

A decir de Rosario Manzanos “la videodanza es una unión escandalosa para los puristas de ambos lenguajes. Dos códigos de comunicación totalmente opuestos, que cuando se unen a través de la pasión y el amor, engendran un producto insólito en el que el movimiento y la belleza de la humanidad se confunden con la tecnología de punta y los efectos especiales.”

Las dos dimensiones en que transcurre la danza, son el tiempo y el espacio. Durante el proceso de creación de la Video Danza, estas dos dimensiones se transforman sustancialmente, al ser interpretadas por el lenguaje cinematográfico. El espacio en la danza es generalmente el que está determinado por el teatro; el movimiento se realiza según las necesidades de la puesta en escena y en función directa del punto de vista de los espectadores. El espacio de la pantalla tiene otros elementos sintácticos como el plano, que selecciona y organiza todo lo que aparece dentro del cuadro, creándose con la sucesión de diferentes planos una percepción y una significación diferente de la que se tiene en una sala ante el espectáculo dancístico.

El ojo del espectador es infinitamente más sensible que el ojo de la cámara. La maravillosa complejidad del ojo humano, percibe en tres dimensiones. Tanto las imágenes del film como del video, se dan solo en dos dimensiones. Lo que da la sensación de profundidad en el espacio cinematográfico es la angulación o la colocación de la cámara en relación a los bailarines y al espacio  y sobre todo, la iluminación. Son Juegos de luz y sombra, también la utilización del color, los que nos provocan la sensación de profundidad.

En cuanto al tiempo, la danza se hace en un tiempo real y continuo. El tiempo en el cine y el video, gracias a los medios técnicos y al montaje, se puede modificar  acelerándolo, alentándolo o modificándolo de manera radical.
El ritmo cinematográfico exige por lo general mucho mayor aceleramiento que el ritmo que se da en un espectáculo dentro de un teatro.

Nuestra actitud como espectadores, también es diferente ante un espectáculo en vivo, que ante una pantalla; nuestro ojo y nuestro cerebro están ya acondicionados a esperar una mayor celeridad, compactación y síntesis en las imágenes cinematográficas.

Otra diferencia es que frente a un espectáculo en vivo, el espectador tiene una participación activa y libre; elige continuamente dónde dirigir la mirada, que funciona como una cámara: Puede ver toda la escena haciendo un plano general o hacer un plano detalle o Close up, centrándose en los pies o el rostro de uno de los bailarines por ejemplo; su ojo se puede mover de un lado a otro horizontal o verticalmente. En cine y video, los encuadres de la cámara, y la edición, sustituyen la voluntad del espectador, guían su mirada y se selecciona tanto el espacio como los objetos que va a ver, dejando fuera de manera arbitraria una parte de ese espacio y de los cuerpos que se mueven en él, eligiendo lo que puede verse a cada instante para presentarlo como continuidad única en el tiempo.

El espectador recibe lo que le dan, pero se vuelve mucho más exigente; espera siempre nueva información en cada imagen y admite mucho menos la reiteración.

Parecería con estas afirmaciones que el espectador pierde en su percepción de la danza cuando esta se traduce al lenguaje cinematográfico, pero podemos afirmar que no. Es una visión, una aproximación diferente más íntima y cercana que le permite con frecuencia ver lo que un espectador en primera fila no ve, como el leve movimiento de un músculo del bailarín o la expresión de sus ojos o un detalle del vestuario o del maquillaje. Por otra parte, en el escenario está todo presente, todo puede verse; en el espacio de la pantalla, puede ser tan importante lo que aparece en el cuadro, como lo que se ha dejado fuera. Ahí juega la imaginación del espectador. Todos los elementos estructurales de la obra coreográfica adquieren nueva significación. La danza no se pierde, más bien se transforma en una nueva danza para la pantalla.

Cada vez más, mediante el trabajo conjunto de coreógrafos y cineastas, se crean nuevas coreografías ya específicamente para la cámara.

No hay nada escrito de cómo hacer una videodanza, se tiene que entrar en un proceso de experimentación interdisciplinaria del coreógrafo, el cineasta,

el músico, el escenógrafo, el iluminador. También de los bailarines, ya que la proximidad de la cámara induce a buscar nuevas formas de movimiento corporal y hasta de expresión en el rostro, así como nuevas concepciones del espacio y de cómo desplazarse en él.
Todo juega para crear nuevas experiencias estéticas y de placer en el espectador.

Acerca de Rosamarta Fernández

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