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Un pasaje a Nueva York

  • Susana Corcuera

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No estamos aquí para ser amables. Estamos para mantener el orden e impartir justicia”, dice el magistrado en “Un pasaje a la India” cuando Mrs. Moore se escandaliza ante la falta de cordialidad de los ingleses con los indios durante una comida en Chandrapore. ¿Qué perciben los ingleses de la novela de Forster? Mugre, turbas de gente, gritos, caos. No ven los colores de los saris, la elegancia en los movimientos de las mujeres, la armonía en el dibujo que decora la trompa de un elefante, la riqueza de la comida, la profundidad de la filosofía de la India o la belleza de las ruinas desperdigadas por sus campos. Dos personajes escapan del conjunto de aquellos a quienes el sentimiento de superioridad no deja espacio para el entendimiento: Fielding, un director de escuela, y Mrs. Moore. El primero no intenta comprender la idiosincrasia de los indios, pero los respeta y es respetado por ellos. Mrs. Moore quisiera descubrir el misterio de la India por medio de sus habitantes. Para ella, es un pueblo tan valioso como el suyo. Fielding es un empleado del gobierno británico; Mrs. Moore, una visitante entusiasmada por conocer una forma de vida distinta a la suya. Él es relativamente joven; ella, una anciana. Más allá de estas diferencias, comparten la capacidad de hacer a un lado los prejuicios.

“México no es nuestro amigo”, dice Donald Trump desde Estados Unidos varias décadas después de que se publicara la novela de Forster, y continúa: “México manda a su gente, pero no manda a la mejor. Está enviando a gente con un montón de problemas (…) Están trayendo drogas, el crimen, a los violadores. Asumo que algunos son buenos”, añade con condescendencia. Mantener el sentimiento de superioridad implica forzosamente despreciar a otros. Para Trump, México es un país que exporta criminales. Ha decidido no ver a los mexicanos que se comprometen al cien por ciento por salarios menores a los establecidos y son una parte indispensable para que la economía de Estados Unidos se sostenga.

Los países tienen derecho a cuidar sus fronteras y a establecer reglas dentro de sus territorios. Lo preocupante del discurso de Donald Trump es la forma en que utiliza el miedo y la desinformación para alcanzar objetivos personales. Lo que alarma es que una buena parte de los votantes acoja favorablemente este tipo de discursos. Sin embargo, creo que, en vez de enojarnos, las palabras de Donald Trump deberían servirnos para abrir los ojos a lo que sucede en nuestra frontera con Sudamérica y para que reconozcamos el infierno que viven los migrantes que atraviesan México dispuestos a padecer las peores vejaciones en una apuesta por una vida mejor. Es un buen momento para comportarnos como un conjunto de personas que forman la raza humana y no como una serie de etnias distintas que, en lugar de tender puentes e intentar comprender al otro, optan por anularlo y alzan muros para poder simular que no existe. La literatura suele enfrentarnos con lo que preferiríamos ignorar. Después de leer “Un pasaje a la India” y de escuchar a Donald Trump, me pregunto qué vemos nosotros en los sudamericanos que atraviesan México en la Bestia. Peor aún: ¿los vemos?

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