Inicio / José González Gálvez

José González Gálvez

Residencia extraviada

Enfermo de enfermedad amarga ebrio de bilis de espuma sangre de cólico que enmarca dolor que escose como látigos de hielo en alaridos que nunca callan. Acostado con el cuerpo desnudo expuesto a la fiebre de tu odio. ¿Cómo soñarte si ya no sueño con el resplandor apagado de tu memoria? Te vislumbro lejana emergiendo del rencor como una voluta …

Leer más »

Sangre en el rojo de tu conciencia

Mi corazón recuerda a un hombre que ha muerto. Anais Nin Embudo en mi boca que crucifica el hambre que siento por ti. Háblame… tus palabras son un tránsito de planetas zumbido de turbinas que retumba en los oídos en el yunque golpeado por el martillo. Mírame… tus ojos me taladran en las pupilas permaneces virtual como un destello luz …

Leer más »

Palabras que se quedan en el cuerpo

Te olí, cuando la madrugada abrió sus párpados gastados. Me gustó el agradable rumor de tus palabras la cálida tibieza de la lengua el caracoleo lento de tus dedos en la superficie tersa de mi piel expuesta. Te sentí profundo en los pétalos mucosos, pequeños lirios chorreando humedad en las mañanas. Me respondió tu entrega, tu grito el ronco estertor …

Leer más »

El nombre que no se olvida

  Me niego a olvidar tu nombre. Eres labios que humedecen mi boca, imagen prendida en mi corazón, calor quemante en la piel, fermento de cielo, diáspora de libélulas, cenizas que refulgen vida, dermis azúcar mascabada, ojos alondras dormidas, implosión de estrellas. Anoche te soñé, un mar de caléndulas se desplazaba lentamente a tus lados, tu cuerpo dormido estaba cubierto …

Leer más »

Circunstancias para no olvidarte

Acosados por el viento amarillo tu cuerpo, el suyo y el mío se agitan temblando. Permanecemos atados por la carne por el amor dolido del espasmo tus pezones, sus caderas, mi pene son símbolos de la extraña alquimia que nos procrea. Abrimos el camino del amor oculto aquel que solo se nombra cuando callan los insectos ebrios cuando los papalotes …

Leer más »

Circunloquios

Me desbordo como miel sobre tus labios lento gota a gota resbalando por un cuello de Modigliani, areolas extendidas pezones erguidos escurriendo con parsimonia, llegar al ombligo luego la oquedad de carne transida un espasmo inconcluso himen fanerógama herida savia que sabe a fruto marino.   Abril de 2004      

Leer más »

El martirio de San Sebastián

¿Qué muerte habrá que se iguale                                            A mi vivir lastimero,                                            Pues si más vivo más muero.      …

Leer más »

Donde el suplicio deja su huella

Ya las horas afilan sus navajas Octavio Paz   Te recuerdo que también fuimos amantes ayer, en el crepúsculo tardío cuando las pavesas se elevaban en el lecho y un frío de mucílago se cocinaba en el interior de los huesos. Fuimos amantes de almanaque contando los días por separarnos los fines de semana que nunca repetimos esas efemérides que …

Leer más »

El mar y sus consecuencias

Sobre el gran azul ilimitado de los mares.                                              Walt Withman: Hojas de hierba   La belleza del mar es inegable su tranquilidad de aguas serenas su ruido sosegado de albatros inocentes su color que va del azul al …

Leer más »

Cuando la noche es tu compañera

Para Lola de Castro   Se desliza la oscuridad en tu mirada cansancio de párpados en lontananza sueño tu amor germinado en agua. Duerme tranquila mañana una gota de sal cruzará tu frente pálida. Febrero de 2008      

Leer más »

Cubierto con la piel de junio

  Mi alma es como un                                                                              gran templo deshabitado.                           …

Leer más »

El viento que llora en tus palabras

Muchas gracias Rosa Lotfe Invadida por el mistral tu cuerpo se encoge y se abre en bisagras relucientes paralelepípedo que se desgaja en piel, músculos, membranas en superficies cóncavas de lágrimas y párpados ojos que todo lo ven y todo lo sueñan que imaginan dolor doloroso exiliados sin identidad posible diáspora que continua imperturbable. Te acaracolas cuando el mistral inclemente …

Leer más »