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Donde el suplicio deja su huella

Ya las horas afilan sus navajas
Octavio Paz

 

Te recuerdo que también fuimos amantes
ayer, en el crepúsculo tardío
cuando las pavesas se elevaban en el lecho
y un frío de mucílago se cocinaba
en el interior de los huesos.
Fuimos amantes de almanaque
contando los días por separarnos
los fines de semana que nunca repetimos
esas efemérides que resultaron vanas.
Recuerda que nos quisimos como enajenados
comimos el fruto del árbol del bien y del mal
nos indigestamos de tanto amor concebido
bajo el celestinaje lunar de plata bruñida
labios húmedos que recorrieron con ansiedad
las esquinas más recónditas de los cuerpos
fuimos vísceras rosadas en diástole y sístole
pieles en alta presión como un relámpago.
No tiene caso que cierres las ventanas
ya escaparon los vientos alisios con nuestros
momentos más hermosos grabados en sus alas.
Te recuerdo que como amantes fuimos apoteósicos,
ahora somos una evocación amarga como licor de ajenjo.

 

Marzo 2013

 

Acerca de José González Gálvez

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