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Hablemos de cultura política: ¿Tiene México el gobierno que se merece?

pppppTenemos ahora una buena oportunidad para hablar del tema en esta columna que, como dijimos desde su inicio, es un espacio para transitar por los interminables vericuetos de la cultura mexicana, rostros cambiantes, máscaras que engañan, tratándose de política.

La justificación es que faltan unos cuantos días para que se lleven a cabo las elecciones intermedias del 7 de junio, en las que se elegirán nueve gubernaturas, la integración de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF), se renovarán las 16 delegaciones de la Ciudad de México y a los integrantes de la Cámara de Diputados Federal.
¿Qué es esto de la cultura política? ¿Está relacionada con la tan traída y llevada democracia?

El concepto se relaciona directamente no con una posición política, porque ello sería en todo caso ideología, sino más bien con la posibilidad de discernimiento frente a la política, la actitud personal en lo político.   La cultura política está conectada con madurez política y se proyecta desde el ámbito individual hasta el universal, pasado por las esferas de lo nacional.

La cultura política es la manera en que el ciudadano teje el ámbito colectivo. Por eso me sumo a los pesimistas que piensan que tenemos el apestoso, corrupto, indeseable e impune gobierno que nos merecemos. Nuestro gobierno es imagen y semejanza de nosotros, que lo creamos, encumbramos, permitimos su reproducción, y de paso mantenemos suntuosamente con nuestros impuestos, cuando más de la mitad del pueblo mexicano es de jodidos. Ya lo sabíamos, señoritas y señores, pero como que se nos olvida o nos hacemos guajes.

Les recuerdo algo que han sabido desde que nacieron, somos un pueblo inculto en términos políticos, incapaz de decidir su destino público, porque nuestro conocimiento de los hombres y mujeres que nos gobiernan es tan pobre como la profundidad de nuestros bolsillos. Somos unos miserables en cultura política. Desconocemos nuestra historia, desconocemos nuestras leyes, somos incapaces de descubrir la intención que encierra la sonrisa del político reluciente, bien peinado, impecable en su atuendo, intachable en el estampado de sus corbatas, inefable en su ideología. Somos incultos políticos al desconocer plataformas, propuestas, al no diferenciar tonalidades y fines, al estar pasmados a la hora de exigir cuentas, culpar a corruptos, encarcelar a los rateros del erario público.

En cambio, abrimos la catedral de San Cristóbal de las Casas, en Chiapas, que fue convergencia de indígenas zapatistas, para que se matrimonie en colorido espectáculo verdoso el representante del partido que lucra con las venas del medio ambiente y la actriz contundentemente hermosa de ojos azules que se comerá nuestros bienes.

Hace apenas unos días, la encuestadora Parametría dio a conocer un estudio que demuestra con números lo que estamos diciendo. Encontró lo que también sabíamos, pero nos hacíamos: que a menor grado de educación académica, el voto de las personas se dirige al partido en el poder y a mayor grado, se aleja. La encuesta es escandalosa, por su realismo: la mitad de los mexicanos sin educación vota por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), mientras que los que tienen educación universitaria lo hacen en 20%.

Quiere decir que a menor preparación en general es más angosto el espectro para elegir alternativas políticas, y a mayor grado académico el umbral se amplía hacia otras ofertas partidistas, lo que no necesariamente quiere decir que sean mejores, solamente que son distintas a la mayoritaria.
En este caso, curiosamente, se trata del mismo partido que por más de setenta años forjó una cultura política en México, una cultura simbiótica: la misma serpiente –llámese sociedad– con su enorme hocico abierto llamado gobierno.

Nuestra cultura política tiene detalles patéticos, escalofriantes, cuyos patrones de conducta ahora calificamos como corrupción e impunidad, pero cuya existencia se explica por nuestra ignorancia, miedo y permisibilidad.

Aquí algunos ejemplos de esta incultura política en la que estamos al permitir que la situación persista. Por ejemplo, el financiamiento público a partidos políticos aprobado por el Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE) para el 2015: más de 5 3567 millones de pesos.

El propio presupuesto del flamante INE es escandaloso: más de 18 000 millones de pesos para este año, es decir, más de 1000 millones de dólares. Increíble.
¿Se merece México esto?, vuelvo a preguntar. Un país donde más de la mitad de su población es pobre, según las cifras más alentadoras; un país donde más de la mitad de las personas en edad de trabajar (más de 52 millones) lo hace fuera de la legalidad. Estamos hablando de que unos 26 millones de mexicanos, como mínimo, son informales, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI publicada el 2 de febrero del 2015.

El pensador francés Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) perfiló el alcance de la cultura política, entendida como relación entre ciudadanía y gobernante, pero no sólo ello, sino una relación voluntaria y de retroalimentación, de cumplimiento de obligaciones respectivas. Rousseau indicó en su obra Contrato Social, que los ciudadanos admiten la existencia de la autoridad y de las leyes, donde los derechos y deberes de las personas son las cláusulas del contrato mismo, mientras que el Estado debe hacerlo cumplir; pero si no lo hiciere, los gobernados pueden cambiar los términos del mismo e incluso a sus autoridades, llámese gobierno, en caso de que no cumpla con sus obligaciones.

Surgen aquí montones de preguntas sobre el incumplimiento de estas obligaciones. El problema es que aunque tengamos los pelos en la mano permitimos que partidos, autoridades y políticos sigan con sus jugosos ingresos. Les damos la venia para que nos sigan jodiendo, por eso somos unos desarrapados, en términos de cultura política.

Nuestro gobierno está hecho a imagen y semejanza de nosotros, sociedad.
Te recordamos que este espacio fue creado para provocarte, y queremos que lo hagas propio. Podemos no estar de acuerdo, pero se trata de debatir, de que compartas tus puntos de vista sobre estos temas culturales que nos hacen ser mexicanos.

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